El debate y el “pesebre”
Quien gana seis mil euros al mes por sentarse en la banca del Congreso votará lo que le diga su partido
Sin duda es un adelanto democrático el debate de la nación. La posibilidad de revisar las necesidades más acuciantes del ciudadano cediendo a cada grupo la tribuna pública para que diga desde allí lo que piensa es un regalo intelectual. Ahora bien, con el tiempo y la costumbre, esta liturgia de la palabra empieza a cansar. La ley de la mitad más uno, la dictadura aritmética, que diría Borges, devalúa al final la ceremonia. Y para colmo está eso que llamamos el “ pesebre”, un coro griego dispuesto a aplaudir incuestionablemente a su líder haga frío o haga sol. El “pesebre” tiene características borreguiles. A quien gana seis mil euros al mes por sentarse en la banca del Congreso no le pidas grandes esfuerzos mentales a la hora de votar. Votará lo que le diga su partido, entre otras cosas, para seguir votando. Y cobrando, por supuesto. Mientras escribo oigo a Rubalcaba que le está haciendo un “presing” a Rajoy sobre todo lo que dijo esta mañana. Yo digo para mï para mi capote:_ Qué lástima que no podamos saber, como se sabe en ciencia, la verdad del Gobierno.¿ Hemos superado ya las crisis?¿ Estamos creando empleo?¿ Alguien puede asegurar que el crecimiento llegará en el 2015? La oposición no tiene por qué aceptar los datos triunfalistas de Rajoy. Tampoco están de acuerdo otros sabios que van por libre. A los organismos europeos le interesa mucho que España haya entrado supuestamente en recuperación. También se recupera Grecia, Irlanda y Portugal. Lo que ocurre es que cada Gobierno se atribuye a sí mismo la mejoría. En frase del Presidente: estábamos mal pero ya hemos cruzado el Cabo de Hornos. Una frase más de tantas Bien, no hay que calentarse la cabeza. Al final todo lo solucionará el “pesebre”. Nunca sabremos si los asertos de Rubalcaba junto a lo que piensan los demás líderes de la oposición son más realistas y acertados que las los impuestos por el PP. ¿ Quién nos sacará de la duda? El “pesebre”, sin duda. Solo tenemos un consuelo. Y es saber que quien está en el fondo es el pueblo español. La ira del español sentado. Harto de números, de ajustes y de primas de riesgo, harto de oir mentiras y de pasarlas canutas mientras otros se daban la gran vida caribeña, es posible que manden a tomar por retambufa a nuestros mandatarios. No sería la primera vez.