Entre la realidad y el deseo
Entre la realidad y el deseo
Escojo este título tan cernudiano porque creo que me puede servir para reflejar el momento bíblico que Almería vive estos días con motivo del rodaje de “Exodus”. Al volver de una esquina, en la terraza de algún bar, te puedes encontrar con Ramsés o con Josué, el caudillo que sustituyó a Moisés camino de la Tierra Prometida.
Y no suelen estar solos... Se mezclan con gente que tú conoces como el portero de tu bloque de viviendas o con el cobrador de recibos de algún ayuntamiento. La sensación de estar en Egipto y a la vez en Almería alternando tu tiempo de ahora con lo que ocurrió hace treinta siglos,no puede ser más contundente.
En fin, maravillas traumatúrgicas del cine. Al margen del encandilamiento que producen las cámaras, el glamour de las estrellas de la pantalla y los puestos de trabajo posibles en una película de estas pretensiones, yo quiero mirar por elevación la situación económica de nuestro país. También nosotros vivimos hace tiempo entre la realidad y el deseo. El encargado de sacarnos de la esclavitud hacia la tierra de leche y miel es el Gobierno del PP que, como todos los gobiernos, no desaprovecha un signo por leve que sea para decirnos que el paraíso se acerca. Esa decimilla anunciadora de que ya hemos salido de la recesión ha movilizado a toda la maquinaria propagandística, afín a los conservadores. Menos mal que es éste un país todavía con libertad de expresión.
Gracias a ello hemos oído a una infinidad de catedráticos de economía rebajándole los humos al señor Cristóbal Montoro. El sector exterior parece que marcha, pero en cambio el interior está hecho una braga. Puede que hayamos salido de la recesión, pero no así de las esclavitudes de la crisis.
Israelita que vas por el desierto con toda tu familia en paro y a punto de deshaucio, no se te ocurra creer a pìe juntillas las promesas del Partido Popular y ponerte adorar al becerro de oro. Todo eso te vendrá por añadidura allá por el 2017 que es el año más cercano que ponen los entendidos para poder afirmar, con cierta sostenibilidad, haber salido por fin de la crisis. Mientras tanto, nos queda el cine entre la realidad y el deseo.