Madrid bien ‘Bale’ una misa
Madrid bien ‘Bale’ una misa
Escribo a tientas, a ciegas. Cuatro días antes de que se sepa el final, con la incógnita de una votación que en Buenos Aires nos otorgue buenas nuevas como país. Cuando lean esto sabremos el resultado, y tal vez esta reflexión sea papel mojado. Escribo sin la certeza aún de que los hechos canten, pero con el convencimiento de que si no es a la tercera esta vez, la vencida dará paso a la rendición sin condiciones. Todos deseamos las Olimpiadas con más o menos entusiasmo, pero ya toca por insistencia que seleccionen a Madrid, cuando el trabajo parece ser que está al 80%, bien hecho y atado y bien atado. Ya habrá tiempo para que la efervescencia de esos Juegos en el 2020 descorche en entusiasmo, festejo, disfrute, bonanza y en cuentas saneadas porque como la fiesta no salga bien nos quedamos con las deudas clavadas como los pinchitos morunos. De Madrid al cielo, se dice de esta capital de las Españas, tan amplia de miras y gentes que hasta su canción emblemática la escribió un mejicano, Agustín Lara, sin haberla pateado (cuenta la leyenda), con lo que de oídas cuando era pianista de burdel escuchaba de los clientes que desfondaban en Mexico DF. También escribió ‘Granada’ así...
Ahora que se nos va el verano sus culebrones tocan retirada, ¡qué sopor! En este caso dos saraos deportivos ponen punto final. Uno la Olimpiada, y otro el cuento de nunca acabar pero que costó a la entidad blanca, al Real Madrid, la friolera de casi cien millones de euros: el fichaje del galés Gareth Bale. Con el fútbol, sostengo una cruzada personal de verdadero hastío y repugnancia a veces con lo que nos transmite, he pasado del amor a cierto odio, lo siento... Entiendo que los futbolistas son solo ladrillos en un muro de altos vuelos donde las cifras sobrevuelan rayando la estratosfera. Entiendo que es un negocio, pero también entiendo que sin comerlo ni beberlo el deporte a ese nivel transmite valores, imágenes, ruedas de prensa deslenguadas, Mourinhos y desplantes, y un cúmulo de chabacanería en algunos casos que ahora que soy padre, me echa para atrás (con lo futbolero que he sido y es mi hijo). También por supuesto el fútbol tiene su cara, y nuestro seleccionador Del Bosque la encarna mejor que nadie.
Dicen que el pragmatismo hizo decir a un rey francés eso de ‘París bien vale una misa’: la obtención del poder merecía la renuncia de unas creencias. En este caso espero que la votación del COI con Madrid acabe en coito y el orgasmo nos dure una década, y que Bale demuestre que no es todo dinero lo que reluce sobre la yerba de un campo de fútbol. Con permiso de Maquiavelo.