Una etiqueten el dedo gordo
Una etiqueten el dedo gordo
El próximo mes de septiembre Almería será sede de un congreso organizado por los médicos forenses andaluces destinado a coordinar posibles actuaciones en casos de grandes catástrofes. De un lado, se trata de una magnífica noticia que confirma la proyección de nuestra capital como sede de encuentros profesionales de prestigio y refleja también el nivel de nuestras infraestructuras para el turismo de congresos.
Sin embargo, no puedo evitar sentir ante esta noticia las mismas sensaciones que podría experimentar una ternera gallega ante las disposiciones sanitarias relativas al correcto procesado y conservación de las hamburguesas.
Sí, ya sé que el orden y los reglamentos producen en las personas cabales los mismos efectos de paz y sosiego que procuraba a Kant el imperativo legal, pero no podemos perder de vista que este encuentro y toda su minuciosa disposición forense no tiene como objetivo sino el correcto tratamiento, ordenación, identificación e inhumación de cadáveres en caso de catástrofe: el mío, el suyo o el de sus familiares y amigos. Y claro, por mucho que nos anime la idea de que Almería sea sede de un importante congreso que llene los hoteles de la ciudad, eso de imaginarse con una etiqueta colgando del dedo gordo del pie no parece una imagen que resulte demasiado estimulante.
En todo caso, dejemos en paz a los forenses con su trabajo y consolémonos pensando que las catástrofes siempre suceden en otro lugar y que, cuando pasan aquí, tampoco pasa nada.
Por ejemplo, el Almería está cerrando su campaña de recogida de abonos y, al igual que en las montoneras de las fiestas de San Fermín, no ha habido víctimas irreparables. Donde no llegan los forenses, llegan siempre los santos.