A mi querido Pototo
A mi querido Pototo
No me es fácil en estos momentos y creo que no me lo será nunca, querido Poti, escribir lo que siento. Debe ser que no está uno acostumbrado, y yo no lo estoy, a escribir sobre lo que se ama y se pierde una mañana de cualquier semana, cualquier mes del año. ¿Cómo se le dice a alguien que se nos ha ido, que no te escucha, que no te puede contestar, lo mucho que le echas de menos, la cantidad de cosas que se me han ido con él? La de sueños que se rompen. Las de ilusiones que ya no volverán. ¿Dónde están, dónde guardamos, querido Poti, todos esos años de vivencias, de recuerdos, de noches llenas de barras de bar, de aquellas largas conversaciones (con el segoviano entre las manos) sobre la política y los políticos de Almería? ¿Te acuerdas de aquella primera corporación en el ayuntamiento, para tí no hubo otra igual? Y si lo analizas un poco, qué razón tenías. Aquellas discusiones de los políticos en comisión ante los medios de comunicación. Y Tú con tu magnetofón siempre a punto. Cuántas discusiones sobre los amigos a los que defendías a capa y espada, por mucho que no se lo merecieran. Las noches se cerraban con el amigo Antonio en kiosco Amalia. ¡Si esa barra hablara! Antes habíamos pasado por la Reguladora, con el amigo Pepe, y con todos aquellos que se daban una vuelta por la “Tertulia del Poti”, donde siempre estuvo presente el cariño a la ciudad, la ilusión en la política y la charla con los amigos. Me debes una de esas noches, me debes una chaqueta, me debes un beso, me debes un abrazo, me debes una parte de esa tu vida que has alejado de mí, y me debes un segoviano platicao. Te quiero.