La travesía
La travesía
Un político de tan larga trayectoria como Rubalcaba no es extraño que suscite el rencor entre la derecha. Le tienen ganas, no se puede negar, aunque lo disimulen bajo el antojo de pedir para el PSOE una nueva reinvención. Nada más saberse el triunfo electoral del PP en Galicia, voces que parecían interesadas en el resurgir de la izquierda en España mostraron en los medios sus lágrimas de cocodrilo por el hundimiento de Rubalcaba. Desde luego no hay nada mejor que seguir los consejos de la derecha cuando se trata de levantar la moral socialista. Algún periódico se acordó del “Prestige” para escenificar gráficamente la catástrofe del lodo. ¿Cómo va seguir Rubalcaba en política después de la derrota gallega? Así que el político que fuera baluarte de Felipe González y de Zapatero no tuvo más remedio que ponerse en manos de la militancia para saber el grado de aceptación de que aún gozaba. Éxito total. La ejecutiva le apoyó sin reservas, tal como diría el propio Rubalca unos días después. No vamos a poner de relieve ahora la larga biografía de Rubalcaba como estratega experimentado y astuto. En el PSOE se sabe que el problema de fondo ya no es cosa de nombres sino de rescatar la credibilidad perdida y de estar con las clases medias, hoy harto golpeadas por las consecuencias de la crisis tal como lo ha entendido el centro derecha. Además no hay que tener miedo a la travesía del desierto. Las luchas del capitán contra el trabajo vienen de muy lejos y ésta no será, con toda probabilidad, la última crisis del sistema capitalista. Estamos viendo cómo cumple el PP sus promesas de felicidad ciudadana. Se le acaba el recurso fácil de echarle la culpa a la herencia recibida. Si echamos mano a los años transcurridos, la crisis es anterior al zapaterismo y ni siquiera es propiamente española.