La cloaca
La cloaca
De los burgos podridos donde está instalada la gran corrupción sube a la superficie de vez en cuando un hedor insoportable. Es la cloaca/sumidero adonde han venido a parar todas los detritus no corregidos por la transición democrática. Que a treinta años todavía tengamos que oír historias como las de Gürtel en Valencia/Alicante o las de los ERES en Andalucía revela la profundidad del mal. Pero por si esto fuera poco todavía tenemos ocasión de oir frases que nos retrotraen a los tiempos más oscuros. Quizá las hayan visto en la televisión de estos días.
Miren este par de perlas entre otras muchas otras que podríamos comentar: “Prioricemos lo nuestro antes que lo de los negratas. Los de aquí que se mueran”. Y esta otra: “Las leyes son como las mujeres. Están para ser violadas”. Como pueden deducir estamos ante un tratado invertido de derechos humanos, igualdad de sexos y respeto a los que emigran. Las frases no engañan acerca del desprecio que sienten ciertos políticos corruptos a los demás. Y todavía quieren no que vaya creciendo el desafecto de la inmensa ciudadanía hacia la inmunda cloaca que se vale de nuestros votos. Claro que alguien dirá: no son todos. La corrupción tiene sus sitios bien localizables. Hay políticos honestos y limpios por supuesto. Pero si los honrados son numéricamente muchos más ¿por qué no terminan con ellos? ¿Por qué los amparan? Entre los partidos ese principio de que todo el mundo es inocente mientras no se conozca lo contrario da mucho juego. Por ahí fuera parece que no son tan escrictos. La gente dimite en cuando se levanta el escándalo. Luego actúa la justicia sin que el partido la emprenda contra los jueces cuando no le gusta la sentencia. Estamos pues debajo del sumidero de la crisis pero también conviviendo con unos políticos que no se atreven a coger el problema por los cuernos, o lo que es peor, montando una barricada contra la oposición cuando ellos están de mierda hasta el pelo.