La Voz de Almeria

Opinión

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Si usted tiene a bien frecuentar este espacio, recordará que hace unos días rendíamos homenaje a la extraordinaria capacidad de los cargos de la Junta de Andalucía para convertir la cochambre presupuestaria en caudalosa cornucopia de recursos expresivos.


En concreto, destacábamos la ocurrente salida de la Delegada de Gobierno de la Junta, Sonia Ferrer, que señaló que aunque la Junta no tuviera dinero para el prometido hospital materno infantil, este compromiso seguía estando “en  primera fila” del interés del gobierno andaluz. Dotados de un desahogo que no sé si tiene origen genético o si se entrena en cursos específicos, los cargos de la Junta pueden llegar a decir una cosa y la contraria en la misma comparecencia sin que por ello experimenten síntomas de bochorno. Y aunque los almerienses nos sentimos satisfechos de tener una delegada de Gobierno capaz de rayar a gran altura en el toreo de salón declarativo, hay que reconocer que en este hierro la divisa del desparpajo también guarda escalafones. Ovacionemos por tanto a la señora consejera de Salud, María Jesús Montero, que al responder a una pregunta de la parlamentaria popular Rosalía Espinosa sobre esta cuestión aseguró que, incluso sin presupuesto, el compromiso de la Junta con el materno infantil era “inquebrantable”.  Sin un duro, pero sin vacilaciones. Ole ahí, consejera. Declaraciones así confirman mi teoría sobre el interés científico del estudio de la aleación muscular que forja configuración facial de los altos cargos de la Junta, tan impermeable a la evidencia, tan resistente a la vergüenza y tan berroqueñamente dura.


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