Grada y melancolía
Grada y melancolía
Oh, vaya, parece que el Almería no jugará la liga de promoción al ascenso a Primera. ¿Y a qué viene tanto mohín? Lejos de lo que podría parecer, en vista del plañidero despliegue de opiniones dolientes, deberíamos saludar con satisfacción el devenir del equipo en esta primera temporada en Segunda, en la que nos hemos logrado mantener con relativa facilidad. ¿Qué querían? ¿Subir a Primera con estos pelos? Vamos a ver, criaturas, que podemos llorar con un ojo por seguir en donde estamos, que no es poco. Yo no sé si la culpa de esta hiperventilación futbolística que ha dejado sin fuelle a más de un llorón la tiene la prensa deportiva y su manía por evitar el realismo en sus informaciones. Sólo así es posible pensar que alguien llegase a creer en la posibilidad del ascenso con los mimbres que se ven dentro y fuera del terreno de juego. ¿Se imaginan a este equipo, reforzado con dos o tres aventureros de saldo, jugando en Primera? Sería un esfuerzo inútil que, como tal, sólo nos podría conducir a la melancolía, como escribió Ortega. Como dicen ahora los vendepeines de la nueva era (los más pluscuamperfectos los llaman "coachs") en sus conferencias para malparados emocionales, la clave de la felicidad está en valorar lo que se tiene antes que añorar lo que no se ha conseguido. Cuántos equipos con un respaldo de grada similar al que tiene el Almería se darían con un canto en los dientes con tal de poder participar el año que viene en la Segunda División o como la quiera llamar ahora su patrocinador bancario. Aprendamos de los errores sin poner más objetivo que la permanencia, que lo demás ya llegará. Otra cosa es que podamos verlo.