Un voto para la utopía
El otoño se resiste mientras el mundo se desmorona porque las ciudades saben que no tienen futuro, las zonas rurales se despueblan y el mar y los ríos agonizan exhaustos por nuestra codicia sin medida, esquilmando los recursos para el beneficio de unos pocos, y las administraciones, impasibles, van recortando recursos para erradicar la violencia atroz que vivimos las mujeres e incluso negándola. Esta violencia, hacia la mujer y la Tierra, va íntimamente unida pero vivimos en una sociedad que no pone el foco de atención en lo que realmente va a ser la clave para nuestra supervivencia en el mismo.
Según nos indican los Objetivos de Desarrollo Sostenible para el 2030, que adoptaron los Estados miembros de las Naciones Unidas, en el que reconocen que el mayor desafío de la sociedad actual es la erradicación de la pobreza y así conseguir con ella un desarrollo sostenible, es por tanto el gran desafío al que nos enfrentamos: cada vez se necesitan más recursos y se generan más residuos, sin olvidar que este desarrollo sostenible será posible con la plena incorporación de la mujer. La equidad de género no es simplemente de justicia social, es tan prioritario como la supervivencia de la humanidad. Se ha comprobado que los países con mayor representatividad femenina tienen más probabilidades de ratificar tratados ambientales y áreas protegidas, lo que demuestra que son agentes de cambio de este proceso. Una sociedad con valores femeninos conlleva progresos en la comunidad. ¿Por qué no hay mujeres encabezando las listas para ser Presidentas del País? Urge cambiar los hábitos arraigados, implantar estrategias de economía circular, seguridad alimentaria, asegurar una vida sana, la educación de calidad, lograr la igualdad de género, asegurar el acceso al agua y la energía, promover el crecimiento económico sostenido, adoptar medidas urgentes contra el cambio climático; promover la paz y facilitar el acceso a la justica. Esto queda desdibujado en las campañas electorales que además han perdido: la habilidad emocional, la inteligencia intuitiva, la resistencia femenina, el esfuerzo y la solidaridad. ¿Dónde están estos temas como ejes principales en las campañas electorales? ¿Por qué no somos más duros con los que no han sabido gestionar la casa de todos y el bien común?
El poeta W. Whitman hablaba de la cultura de andar como “rechazo de una civilización corrupta, contaminada, alienante y miserable”. Así que caminaré hacia las urnas y votaré, aunque haya días que me sienta impotente. Iré a votar sabiendo que es un ejercicio democrático que a las mujeres se nos arrebató y que en este país recuperamos, en 1977, tras la muerte del dictador. Votaré porque no quiero tener miedo para construir una sociedad más justa, solidaria y sostenible, y aunque mi voto sea un grano de arena, en este desierto desnutrido que atravesamos, no voy a permitir que demos un paso atrás en materia de derechos e igualdad aunque las campañas que vivimos estén impregnadas de testosterona suicida. ¡Caminemos! La utopía nos guía porque el futuro será ecofeminista o no será.