Idiota
En la cafetería, cruzando una calle, al volante, sentados en un parque,…, destaca lo absorta que está la sociedad frente a la pantalla, y quien no está inmerso en ese ritmo tecnológico se encuentra outside socialmente. Muchísima gente no es analfabeta digital, pero a costa de dejar de discernir entre lo verdaderamente importante y de ser cada vez más ignorante, a lo que se refiere el término idiota (del latín idiòta)
Corremos el riesgo de caer en un estado de idiotez que impida ver más allá de la pantalla, retroalimentándola y amplificándola, pareciendo que son más de los que son. Ocurre a menudo, como con las descalificaciones a la Ministra de Justicia o las consideraciones respecto a la sentencia de ‘la manada’
El adjetivo ‘idiota’ proviene también del griego antiguo y se refería a aquel que se ocupaba solo de lo suyo y se desentendía de los asuntos públicos o políticos. Hubo un tiempo en que era deshonroso no preocuparse de lo público, e insultaban y despreciaban a quienes no lo hacían, incluso la corriente de pensamiento estoica veía como obligación del hombre sabio el ser público y político. Un exponente de esta corriente de pensamiento fue el filósofo romano Séneca quien destacó que “todos los hombres quieren vivir felices”, entendida la felicidad como la vida digna de ser vivida y orientada a hacer el bien. Para ello debería la ciudadanía volver a ocuparse de lo público, dejar de ver los toros desde la barrera y romper con las oligarquías interesadas de personas y grupos de poder porque quieren hacernos idiotas en los dos sentidos; quienes pedían responsabilidad patriótica para hacer presidente a Rajoy, hoy no se lo aplican con Sánchez; quienes pedían regeneración, hoy pactan con el partido de la Gúrtel y demás ramificaciones, o solo mendigan sillones.
En este punto de idiotez de la política española, la gente no distingue el grano de la paja, cayendo en lo que nos advirtió Kant “Nunca discutas con un idiota. La gente podría no notar la diferencia”