La Voz de Almeria

Opinión

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De buena mañana fui al mercado, un hombre vestido con un mono azul subido en una escalera, izaba una letra “S” mayúscula de grandes dimensiones desde el suelo. Un grupo de curiosos no perdía detalle y bloqueaba la puerta, así que tuve que pasar debajo de la escalera. Una sacudida nerviosa helo mi sangre y un temblor supersticioso recorrió el cuerpo entero y aturdió mi mente.


Nada más entrar, donde debería estar el carnicero de siempre un hombre con una motosierra, corta las vísceras de un caballo, que antes ha arrojado sobre la piedra de mármol blanca del mostrador, partido en dos por el lomo. La clientela termina con la ropa manchada de sangre, nadie se siente molesto, diría que algunos hasta le gusta. Estoy mirando los ojos del animal, llenos de terror, unos segundos antes reclamarían compasión a este loco sanguinario, que acaba de preguntar si quería la pechuga del pollo fileteada o normal. Sin esperar mi respuesta, da media vuelta y abre la puerta de un frigorífico congelador, aparece colgado boca abajo, como si fuera una vaca un cadáver humano descoyuntado.-Pensar que lo quería como a un hermano y ahora parece un polo de fresa-. Dice el presunto carnicero, mientras se ríe con estruendo, imitando a un ogro, pues juraría que este desgraciado no sabe ni reírse.


Cojo las pechugas y me voy sin decir ni adiós, como he olvidado pagarle me persigue por todos los puestos con esa enorme sierra mecánica, que ruge como un asesino en serie resfriado. Al fin logro despistarlo gracias a una frutera, que ha tenido la ocurrencia de representar una bacanal romana, de esas que el emperador comía uvas, manzanas, sandías y todas clase de delicias, a la par que unas esclavas danzaban, veleidosas y sensuales, mientras su guardia pretoriana observaba impasible. Me escondo detrás del diván de un emperador decadente y seboso, hasta que soy delatado por él. Así que al carnicero homicida, ahora le siguen las bailarinas con una faca entre sus dientes, este Cesar chivatón y decrépito, que no deja de gesticular pidiendo mi muerte con el dedo gordo para bajo, y los soldados pretorianos que levantan sus lanzas amenazantes , mientras cantan himnos bélicos en latín aunque suene un poco cursi.


Cuando estoy a punto de ser capturado por aquella jauría de asesinos insaciables, tropiezo con una mujer que viste de negro, es mi prima, Riesgo de Los Remedios, más mala que el hambre, según acostumbraba a reinar mi madre cuando alguien pronunciaba su nombre.


- ¡Deteneos, siervos de Lucifer! ¡Parar vuestra enloquecida carrera, huestes del Averno! .Y aquella pandilla de perturbados al primer gesto de ella, gran amante de la retorica, quedó petrificada.


- ¿Qué deseáis de él? Ante todo quiero que sepas que por nuestra venas, corre la misma sangre. Aunque lo tuyo primo, siempre tuve la sensación que era más bien horchata.


¡Arráncale el corazón! Gritaban enfervorizados mis perseguidores.- No podéis conformaros con su mano izquierda- Le dije a mi prima que no, que mejor la derecha ya que era zurdo.


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