La Voz de Almeria

Opinión

Jose Fernández
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La ministra-portavoz del sedicente Gobierno, Isabel Celaá, mostró el otro día ante los periodistas su arrobo ante la foto de campaña del candidato Sánchez en la que, impresas sobre su cara y al estilo de los anuncios de marcas de moda primaveral, se lee el lema “Haz que pase”, aunque admito que mi primera impresión me hizo leer “mirad qué guapo soy”. La oftalmología política y yo somos así, qué le vamos a hacer. El caso es que la ministra portavoza, como gusta referirse a ella la vicepresidenta Calvo, no tiene la memoria entre sus fuertes, puesto que al “olvido” de incluir un chalet en su declaración de bienes habrá que añadir ahora la falta de memoria cinematográfica, pues comentó a los periodistas que la imagen de su candidato le recordaba a la película “Titanic”. Y titánicos debieron ser los esfuerzos de la prensa para no partirse de risa y recordar a la desmemoriada que la frase que usa el guión de la célebre película no era esa sino “Haz que cuente” y, sobre todo, que al final de la historia el protagonista acaba hundiéndose en un oscuro y helado abismo. Pero bueno, todos los santos tienen su octava y todos los lemas de campaña tienen una contralectura malvada que da luego mucho juego en tuiter. Y lo cierto es que el “Haz que pase” abre un amplísimo abanico de posibilidades creativas que no sé si habrán terminado de valorar sus autores. Son muchas las que se nos pueden ocurrir, pero yo destaco las primeras en las caigo a la hora de escribir estas líneas. La primera es la inevitable apelación evangélica al cáliz de los padecimientos más amargos. Padre, si es posible, haz que pase de mí esta copa, etcétera. ¿Queremos seguir tragando con más promesas fantásticas sin respaldo económico? ¿Queremos seguir absorbiendo acercamientos inquietantes con quienes quieren romper España? Ustedes verán. Y la segunda idea es la misma que expresa el lema:

“Haz que pase”, a lo que podríamos añadir “Y que no vuelva”.

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