El verdadero enemigo
Cuando veo las manos alzadas de los migrantes sobre embarcaciones pidiendo auxilio, mal navegando sobre nuestras aguas, recuerdo la escena de Psicosis en la que Hitchcock nos presenta a la chica en la bañera, empapada y con el brazo elevado queriendo pedir que alguien le libre de aquellas puñaladas de Norman Bates, interpretado por Anthony Perkins, pero que aquí está encarnado por Europa. Ese Viejo Continente que se ha comportado con el Aquarius como si fuera aquel niño que pintó Sorolla en su obra ‘El balandrito’, quien contagia el placer que le supone el baño de agua y sol, pero que juega con un barco a su antojo, como lo ha hecho buena parte de Europa. Por suerte, en la actualidad, el Gobierno español es sensible, solidario y no olvida nuestra historia reciente, un país del que muchos migraron y otros tantos exiliaron.
Pero, ¿aportamos soluciones en origen para frenar esta situación, o nuestros gobernantes europeos siguen mirando para otro lado ante tanto atropello de derechos humanos? Ayer Europa perdió una oportunidad más en su cumbre para ser contundentes, y nuevamente se tomaron acuerdos tibios en materia migratoria, que dará pie a que cada cual siga haciendo lo que le venga en gana. Por cierto, ¿se habrá parado alguien a pensar que, a la vuelta de la esquina, habrá que gestionar también la migración climática masiva entre países miembros? Europa se construyó sobre unos intereses meramente económicos, olvidando durante mucho tiempo los cimientos socio-humanitarios, condición ésta que debería haber sido necesaria para pertenecer al “club”, y esto pasa factura.
El enemigo no viene en patera, sino que está en los despachos de grandes corporaciones, no viene en el Aquarius, sino en coche oficial, no nos quita el trabajo, sino que esclaviza a quienes vienen huyendo de la miseria, no habla una lengua distinta a la nuestra, sino con el idioma del miedo a lo diferente; ¡luchemos contra el verdadero enemigo!