La Voz de Almeria

Opinión

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No creo que haya en Europa ni tal vez en el mundo un país que frivolice tanto como España su vida política. En estos días lo estamos comprobando de forma escandalosa con esos dos acontecimientos emblemáticos que llenan las páginas de todos los medios de comunicación. Me refiero al famoso máster de Cristina Cifuentes y a la puesta en libertad en Alemania del ex President Carles Puigdemont. Son acontecimientos que acompañan a la genérica parálisis política que padece este país y que es consecuencia de la escasa altura de una buena parte de la clase dirigente.

Llevamos mucho tiempo en esa tesitura, pero es ahora cuando chocamos con acontecimientos que la subrayan. Podría decirse que es un disparate que sucedan estas cosas que acaparan la atención pública y que demuestran que importan más las situaciones escandalosas que el cumplimiento estricto de su deber por parte de la clase dirigente.

Todo lo que rodea el escándalo del máster de Cristina Cifuentes liquida la credibilidad de la presidenta de la Comunidad de Madrid, cualquiera que sea en realidad el grado de su responsabilidad en el problema, y corroe la salud del PP en Madrid pero con alta repercusión en el conjunto nacional del partido. Una salud gravemente deteriorada por los errores y escándalos que acompañan a la formación de Mariano Rajoy y por el halo de corrupción política que la define durante los últimos muchos años.

Y el tema Puigdemont cada vez destroza más la credibilidad del Gobierno y de toda la clase política que lo acompaña, en lo que las decisiones tomadas por la Justicia alemana constituyen un factor de agravación y ennegrecimiento de la ya muy grave situación en que la marea soberanista sitúa al Gobierno español y al conjunto del partido que lo sustenta. Las dos cuestiones que protagonizan la actualidad política se ceban en el deterioro generalizado del Gobierno y su partido, y la convención de Sevilla solo sirvió para poner más de relieve el grado de decaimiento al que están llegando. Nadie sabe cómo se van a desarrollar las cosas en las próximas semanas y meses, visto sobre todo de cara a la tormenta electoral que ya se comienza a preparar para la primavera del año próximo.

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