Manda huevos jalogüín
`Esto de los huevos no es un problema de seguridad ciudadana, sino de educación ciudadana. De esas cosas que dejamos de enseñar en los colegios`
No me atreveré a turbar el encefalograma de quienes crean que la culpa de la huevada vandálica en la noche de jalogüín la tuvo el Ayuntamiento por su falta de prevención. No quiero alterar la felicidad de quien, ante un zangolotino que tira un huevo a un autobús, tan sólo ve un parabrisas manchado. Siempre he envidiado la capacidad analítica de quienes ponen la carga del delito en quien no retira sus consecuencias antes que en quien las produce directamente. Vivir con los ojos cerrados, escribió Lennon, es fácil. Pero lo peor es que estas personas tienen motivos para la alarma. Efectivamente, los ayuntamientos no tienen protocolos de seguridad para el caso de que adolescentes incursos en ciclos educativos oficiales (lo que antes se venía a resumir en términos coloquiales haciendo referencia a la coloración del escroto) se dediquen –en nombre de una “tradición” tan inexplicable como absurda- a ir tirando huevos por ahí en la noche de los disfraces desagradables. No se prevén esas cosas, caramba, del mismo modo que no se contempla la presencia policial a la salida de las parroquias para evitar que a algún descerebrado le dé por apedrear a las señoras que salen de misa. Del mismo modo, tampoco había en Torrecárdenas un protocolo específico de actuación para tratar a los pacientes que introdujeran su pene en un cojinete, como recordarán sucedió hace algunos años. Una cosa es la dejación de funciones y otra que el personal se pase el sentido común por ahí mismo. Y es que esto de los huevos no es un problema de seguridad ciudadana, sino de educación ciudadana. De esas cosas –el civismo y la urbanidad- que dejamos de enseñar en los colegios y en algunas casas porque lo del orden y el respeto nos sonaba a estertor del tardofranquismo. Algunos conductores afectados por el lanzamiento de huevos señalan que muchos de estos jóvenes se los tiraban junto a sus padres, que contemplaban divertidos –manda huevos- la escena. Pero no estropeemos la mañana. La culpa, faltaría más, es del Ayuntamiento.