Los dados están rodando
`La indecente utilización de niños con fines políticos marca una clara diferencia entre la Cataluña actual y aquella otra que deslumbró en el 92`
Igual que usted, hoy yo también pasaré el día con un ojo puesto en Cataluña. Cualquier escenario es posible hoy allí, en esa parte de España en donde se ha acabado configurando un tablero de juego insólito en la historia reciente de nuestro país. Los dados están rodando y sólo cabe cruzar los dedos para desear que la serenidad presida una jornada que, más que un punto final, es otro punto seguido. Lo que sí está al margen de cualquier duda y de la evaluación de posibles riesgos es el evidente deterioro de la vida cotidiana producido en una Cataluña que, al mismo tiempo que conmemora con justificado orgullo los 25 años de aquellos Juegos Olímpicos en los que tanta ilusión, tanto cariño y tanto dinero depositamos el conjunto de los españoles, sufre situaciones propias de países gobernados por regímenes autoritarios. La aplicación de mecanismos de control y delación vecinal, la apuesta suicida por la fractura social, el establecimiento de una verdad oficial a través de los medios institucionales o la indecente utilización de niños con fines políticos, marcan una clara diferencia entre la Cataluña actual y aquella otra que deslumbró al resto de España y el mundo en aquellos días de Barcelona olímpica por su modernidad, por su forma de gestionar los acontecimientos y por la calidad de vida que se respiraba en todas partes. Veinticinco años de creciente presión separatista, tolerada y apaciguada en falso con ingentes inversiones y un amplísimo capítulo de competencias por parte de todos los gobiernos del PSOE y del PP, han acabado eclosionando en una crisálida indeseable que aspira a ser mariposa ignorando que su naturaleza no es otra que la del murciélago. Sólo queda esperar, insisto, a que la prudencia y la templanza presidan una jornada que muchos esperan como propicia para el disturbio, la provocación y, en definitiva, para la violencia. Ante esa posibilidad, ahora y siempre, sólo cabe una respuesta: que prevalezca la ley.