La Voz de Almeria

Opinión

La Junta se enfada por el taladro, y también por quitar el anclaje

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No hay quien la entienda, me refiero a la Junta de Andalucía en Almería y a sus rectores, en este caso rectora, doña Gracia. Me pareció muy oportuna la denuncia ante la fiscalía por el taladrazo y el encaje en la pared de su edificio. 
Lo que me cuesta trabajo entender es que la Junta se enfada y denuncia por el anclaje, y cuando lo retiran y reparan el agujero, se pone hecha una furia (eso se dice en los papeles) y pone otra denuncia. 
El primero de los casos es fácilmente entendible: Si hacen algo en contra de tu voluntad y sin tu permiso lo lógico y normal es que te enfades y llames a la policía, hasta ahí como la vida misma, pero que cuando lo arreglan también grites y llames de nuevo a la autoridad ya no le veo tanto la gracia, que quieren que les diga. Los rectores de la Junta en Almería denuncian al ayuntamiento y a su alcalde, Ramón Fernández Pacheco, por las dos situaciones: “por hacer el anclaje y por quitarlo”. 
La única manera que vemos nosotros de solucionar el oprobio de hacer el anclaje en la pared a la Junta es repararlo. ¿Ustedes no lo ven así?
Pues la Junta no parece ser de esa opinión. Le podríamos decir a esa locuela Junta de verano que eso se llama no estar contenta con nada. Te quejas si el ayuntamiento actúa de una manera, te quejas si actúa de la contraria. Se nota que estamos teniendo un verano en la que los “sesos” de nuestros políticos se fríen ante las altas temperaturas y alta humedad que está sufriendo Almería. 
El calor y la humedad están haciendo sudar de día y de noche (y de qué manera) a todos los almerienses, no se escapan ni los políticos por muy buenos que sean sus aires acondicionados. 
Todos nosotros estamos sufriendo las temperaturas y buscamos algo de aire fresco, nuevo, desazonador y desconocido tras ese taladrazo que sufrió la pared de la sede institucional de la Junta de Andalucía. 
No llegamos a disfrutarlo, corremos hacia él, pero cuando estamos a punto de agarrarlo, como si de un clavo ardiendo se tratara, el anclaje desaparece, se borra el taladrazo soñado en la pared y volvemos a notar nuestro cuerpo sudoroso en este tórrido verano almeriense que nos está haciendo perder la cabeza. Con el calor a mí se me ha ido la olla.



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