Perdonemos y dejemos los fantasmas del pasado
CComo preámbulo, para poder intentar explicar nuestra historia en común, y sobre todo para que no nos manipulen con falsas historias y evidencias poco fiables; tengo que hacer referencia a hechos que ocurrieron en nuestra geografía y en otras latitudes para que se comprenda de una vez y por todas, y se pueda acabar con esa pesadilla que es, nuestra última guerra civil de 1936-39. Ya en tiempos de los visigodos hubo guerras civiles que llenaron de muertos, de forma atroz, los campos de batalla.
Más adelante en tiempos de los árabes, omeyas, abasíes, bereberes etc., volvió a ocurrir, y así hubo guerras civiles y sublevaciones en nuestro territorio en diferentes momentos, hasta el siglo XX. Pues bien, lo mismo que ocurrió aquí, también aconteció en otros países de nuestro entorno y no se avergüenzan de su historia y de los personajes que en ella influyó de forma negativa.
Ejemplos de esto tenemos: Robespierre y Napoleón en Francia, Hitler en Alemania, Mussolini en Italia, Lenin y Stalin en Rusia…y muchos más que actuaron de forma inhumana con sus conciudadanos y ahí están, sin odios entre ellos, sin destruir monumentos que evocan a esa etapa y sobre todo, aprendiendo de esos períodos que tanto horror y muerte provocaron a millones de personas.
Creo que sería muy importante estimular y fomentar dentro del aula, a las nuevas generaciones, de una manera real y sin partidismos, lo que fue realmente esta página tan triste de nuestra historia. El escritor Juan Eslava Galán, en su libro: “Una historia de la guerra civil que no va a gustar a nadie” narra las atrocidades cometidas en uno y otro bando: el odio destilado lentamente durante años en el corazón de los desposeídos, por un lado; y por el otro, el odio de los soberbios, poco dispuestos a soportar la insolencia de los humildes (Manuel Azaña). Todas las atrocidades que se cometieron en esa guerra fratricida no pueden, en la actualidad, monopolizarse en manos de algunos; para reabrir heridas y dividir de nuevo a los españoles.
Esa etapa fue pasada, nunca se olvidará, ni debiera olvidarse, pero por favor dejen de utilizar a la 2ª República como una etapa de buen ejemplo. Eso no fue así, a pesar de que algunos la justifiquen. La 2ª República fue un fracaso, dado que sus dirigentes, de todas las ideologías, fueron incapaces de evitar una guerra entre hermanos. Nuestra Transición fue una etapa de ejemplo en la historia de España. Muchos países del planeta admiraron este comportamiento ejemplar de todos los españoles, empeñados en no perder los valores del consenso y de la reconciliación.
La concordia que presidió la Constitución de 1978 hizo que todos los españoles lucháramos juntos y consiguiéramos un bienestar social jamás conocido en nuestra historia. La resolución de la Comisión Constitucional de 20 de noviembre 2002, unánimemente aprobada por todos los partidos políticos con representación en el Congreso, dejó clara la voluntad del pueblo, de que el pasado no sería utilizado como arma política para revivir viejos rencores, resucitar odios o alentar deseos de revancha.
Por favor, señores políticos, déjense de demagogia. Miren hacia el futuro, inculquen a las nuevas generaciones el respeto y el diálogo racional. No fragmenten lo que tanto nos costó unir. No olviden que todas las atrocidades que se cometieron en esa guerra fratricida, por uno y otro bando, no se puede ni debe manipular en favor o en contra para reabrir heridas. Insisto, en nuestra Transición, quisimos todos, seguir el camino hacia delante y mirar hacia una democracia de bienestar, libertad y justicia.