La cabra, la pesa y el voto
Cuando se gobierna en minoría y con el hemiciclo lleno de sonrisas afiladas, aprobar un presupuesto es un complejo ejercicio de equilibrio
Permítanme la exageración, pero antes que un presidente, lo más necesario para un gobierno es contar con un presupuesto. Y eso, que no es fácil cuando los gobiernos gozan de suficiente solidez de escaños, se convierte en un complejo ejercicio de equilibrio cuando se gobierna en minoría y con el hemiciclo lleno de sonrisas afiladas. De hecho, aprobar un presupuesto gobernando en minoría es, a la mecánica espacial, algo tan raro y sublime como el momento en que la cabra consigue situar las cuatro pezuñas en una pesa de cinco kilos subida a un taburete, mientras que a su lado un trompetista perpetra la banda sonora de El Padrino. Les regalo esta imagen de mi memoria infantil para ilustrar el mérito de quienes consiguen semejantes prodigios. Y se está hablando mucho estos días del elevado y desvergonzado coste al que algunos partidos han vendido su apoyo al Gobierno central, que se ha visto obligado -como todos los que se encuentran en su caso- a doblegarse hasta límites que superan el umbral del decoro. Pero de lo que no se habla tanto es del modo en que la cerrada negativa de partidos con notable presencia en el hemiciclo (por ejemplo el PSOE) a colaborar en su aprobación ha contribuido a elevar el precio del legal y legítimo chantaje. Alguna vez alguien tendrá que pensar que una abstención o incluso un voto positivo al rival sirve no sólo para poder reivindicar que tal o cual logro se ha conseguido gracias a tu decidido marcaje, sino que además traslada a la gente un mensaje de sensatez y cordura que contribuye a evitar el progresivo deterioro de la consideración que los españoles tenemos de nuestros políticos. Y hay ejemplos de lo que digo: en el Ayuntamiento de Almería se acaba de aprobar por unanimidad de PP, PSOE, C’S e IU, una Ordenanza de Limpieza que moderniza y ajusta el servicio a las necesidades de una ciudad de casi 200. 000 habitantes. Un éxito de todos y para todos. Y lo mejor es que no ha sido la única ni tampoco, seguramente, la última vez. Que tomen nota.