Alfonso García, sin margen de error en la elección del técnico
La pregunta del millón que se hacen todos los almeriensistas es quién será el nuevo técnico del equipo rojiblanco.
Sobre la mesa de Alfonso García multitud de nombres y candidatos, de entre los cuales tendrá que elegir el máximo accionista de la entidad almeriense.
Pero antes, como mandan los cánones de cualquier entidad futbolística deportivamente seria, ha llegado el director deportivo para, como primera misión, ayudar al presidente en la elección del entrenador.
El elegido, Lozano, se puede decir que es un hombre de la casa ya que se enfundó durante tres temporadas la camiseta rojiblanca como futbolista, con cierta experiencia en el cargo y que, de esto estamos seguros, llega con muchas ganas de trabajar y hacer las cosas bien.
Nada más llegar, al tajo. Corresponde a Lozano asesorar convenientemente al presidente para acertar en una decisión tan trascendente como la de dar el timón de la nave rojiblanca al nuevo técnico.
Ahora mismo es imposible saber quién será el elegido. La elección final saldrá de un entendimiento entre Alfonso García y Lozano. El secretismo con que se llevan las negociaciones es absoluto, dentro de lo que cabe estando por medio los intermediarios. Desde el domingo el ritmo de trabajo de Alfonso García es frenético; desde fuera puede parecer lento, pero no se trata de precipitarse sino de acertar en la elección de un hombre sobre cuyos hombros va a gravitar el futuro de la entidad.
Pero que nadie se llame a engaño. La situación del equipo es extremadamente complicada y la misión de salvarlo sólo podrá ser afrontada por un valiente, dispuesto a trabajar sin descanso y con plena confianza en sus conocimientos futbolísticos.
Hasta el momento el Almería ha conseguido 25 puntos en 27 jornadas, lo que supone una media de 0,96 puntos por encuentro disputado.
Quedan por consumirse 15 jornadas y en ellas tiene que lograr los mismos puntos que en las 27 disputadas.
Es decir, el nuevo técnico tendrá que sacar petróleo de su plantilla para que sean capaces de hacer un media de 1,67 puntos en cada partido, o lo que es equivalente, sumar cada tres partidos cinco puntos. Por lo que el presidente tiene prohibido errar.