Luto en Adra: se apagó el motor incansable de 'Valle'
A los 17 años ya jugaba en Tercera División con el Adra CF

Equipo de fútbol de Adra. Un jovencísimo 'Valle', de pie, el cuarto de izquierda a derecha. A la izquierda, a pie de foto, una pequeña foto más actual.
Resulta dolorosísimo expresar el adiós a un futbolista admirable, a una persona ejemplar y sobre todo a un abderitano de nacimiento y balermero de corazón. Nos ha dejado el motor de muchos equipos a los cuales defendió. Tenía 74 años. Sin lugar a duda, “Valle”, fue una pieza fundamental en cada equipo que jugó, así fuese en el Adra CF, el Club Polideportivo Ejido, Berja CF, AD Adra o UD Balerma. De él aún se dice que era el motor del equipo, y su fuerza y su coraje lo confirman quienes le vieron jugar.
Valle, cuyo nombre completo era José Antonio Sánchez Expósito, nació el día 4 de julio de 1951, en Adra. Aquí empezó sus correrías futbolísticas en un equipo modesto de la localidad, hasta que cumplió sus diecisiete años, edad en que fue llamado por la directiva del Adra, de aquél Adra que militaba en tercera división. Pero a la temporada siguiente, el Adra bajó de categoría, y entonces formaron un equipo en segunda regional, deshaciéndose al año siguiente. Entonces, Valle se fue a estudiar a Almería, viéndose en la necesidad, poco tiempo después, de cumplir el servicio militar. Durante uno de los permisos del que disfrutó, se encontró con Rafael Hermoso, otro baluarte del fútbol abderitano y que, por entonces, entrenaba al Polideportivo Ejido, convenciéndole para que firmara por el club celeste.
Curiosamente cuando estaba en el Adra CF en Tercera División jugaba de interior, pero Hermoso lo ponía atrás, y al haberse afianzado en este puesto, era un fijo en el Poli Ejido. Era un portento físico de aquellos futbolistas que le echaba el aliento en la nuca a sus contrarios y les helaba el espinazo. “Valle”, no paraba de correr continuamente en cada encuentro, de atacar y defender, de arriba abajo con un desgaste físico descomunal, esa era su forma jugar, aparte de que siempre que saltaba al campo lo hacía para darlo todo y cuando terminaba, salía satisfecho de su propio rendimiento.
Debutó en Tercera División en un grupo donde lo componían equipos como el Hércules de Alicante, Alcoyano, CD Cartagena, Real Jaén, CD Manchego, Eldense, Albacete Balompié, Novelda CF o Calvo Sotelo (Puertollano) y lo hizo de la mano de José Almansa en un Adra CF - La Unión de Murcia en el mes de septiembre de 1969 y correspondiente a la primera jornada que se disputó en Miramar finalizando con empate a uno. Por entonces en aquel vetusto Miramar y en aquella misma temporada, “Valle” vio debutar a futbolistas de la talla como Julián Rubio (Albacete Balompié) o el que sería tiempo despues internacional con la Selección Española, Ángel Castellanos, con apenas 16 años.
José Antonio “El Valle” cogería la titularidad y se agarró a ella como hierro ardiendo en un vestuario lleno de veterinaria y futbolistas con marcado carácter en un equipo dirigido por una Gestora y que intentaba mantener la categoría nadando para salvarse como un náufrago en busca de una gaviota que le indicase tierra y salvación. Por aquellos años, lo único bueno fue, que salieron grandes productos, como pasa siempre en los períodos de mayor escasez. Fue el caso de “Valle”. Su puesta de largo con apenas 17 años fue con este once: Arias; Hermoso, Ben Ali, Herrero; Maside, Cara; Moreno, Amores, Cebrián, Valle y Antoñito.
“Valle”, era y fue, un peón incansable, en la vida y en el campo, valga la redundancia. Era un empedernido en comer pipas de girasol. Las pelaba con una velocidad inusual. Como futbolista era todo pundonor con su característico bigote. Un abderitano de nacimiento y balermero de corazón y es que su personalidad, estilo de juego y calidad le convirtieron en emblema deportivo por donde fue. Su carisma se extendía fuera de los estadios para compartir su cariño y la conversación cariñosa y cercana con todos cuantos admiraban su persona y su forma de ser. La Adra futbolística guardará por siempre el sello imborrable de su figura; una personalidad, una esencia y forma de ser de la que el abderitano se ha sentido siempre orgullosísimo, encandilando con su presencia.