La Voz de Almeria

Obituarios

Muere Pilar González Peregrín, la mujer que modeló la primavera eterna de Almería

Familiares y amigos podrán darle el último adiós este viernes en el Tanatorio Sol de Portocarrero, donde permanecerá desde las 9:00 hasta las 17:30 horas

La artista pulpileña, Pilar González Peregrín junto al alcalde y los concejales de su pueblo en la inauguración de una de sus exposiciones.

La artista pulpileña, Pilar González Peregrín junto al alcalde y los concejales de su pueblo en la inauguración de una de sus exposiciones.La Voz

Marina Ginés
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La ceramista pulpileña Pilar González Peregrín ha fallecido este jueves a los 96 años, dejando tras de sí una obra profundamente ligada a la naturaleza, la infancia, la cultura popular y el alma de la provincia de Almería. Se marcha una de esas artistas que trascendieron sus piezas para convertirse en parte de la memoria sentimental de varias generaciones de almerienses.

Nacida en Pulpí en 1930, Pilar González Peregrín fue una mujer adelantada a su tiempo. De espíritu inquieto, libre y profundamente curioso, recorrió los cinco continentes conociendo otras culturas, formas de vida y maneras de entender el mundo. Aquellas experiencias marcaron una personalidad abierta y cosmopolita, construida sobre los valores de la libertad y la justicia que había aprendido de sus padres.

Tras varios años residiendo en Londres, regresó a Almería en 1968. Impartió clases de inglés y desempeñó diferentes ocupaciones, pero el destino artístico de Pilar estaba aún por descubrir. Fue un curso de cerámica el que despertó una vocación que acabaría convirtiéndose en una forma de vida.

Instalada en el barrio almeriense de Ciudad Jardín, encontró en una casa rodeada de vegetación el lugar perfecto para desarrollar su creatividad. Allí levantó su taller, muy cerca del mar, cuya presencia alimentó durante décadas su imaginación. Desde aquel espacio comenzaron a surgir las figuras, relieves y composiciones que terminarían convirtiéndose en una de las señas de identidad de la artesanía artística almeriense.

Pilar nunca dejó de llevar a Pulpí consigo. El recuerdo de su pueblo permaneció siempre vivo en su obra y en su conversación. San Miguel Arcángel, patrón pulpileño, presidió buena parte de su trayectoria artística y personal, convirtiéndose en una fuente constante de inspiración. Hablaba de su tierra con la emoción de quien nunca se marchó del todo.

La naturaleza fue uno de los grandes motores de su creación. Fascinada por las flores, los colores, los jardines y las formas orgánicas, desarrolló un lenguaje artístico reconocible, lleno de alegría y optimismo. También encontró inspiración en el universo femenino y en las tradiciones populares. Sus piezas, modeladas tanto en relieve como en bulto redondo, evocaban la inocencia de la infancia y transmitían una delicada atmósfera romántica. Muchas de ellas incorporaban dedicatorias, leyendas o mensajes escritos que las convertían en objetos profundamente personales.

Entre 1978 y 1995 desarrolló la etapa más intensa de su actividad profesional. Fueron años en los que participó en ferias, mercadillos y encuentros artesanales por toda la provincia. Allí cientos de almerienses descubrieron sus creaciones y se llevaron a casa una pequeña parte de su universo creativo. Con el tiempo, aquellas figuras pasaron a formar parte de hogares repartidos por toda Almería, donde aún hoy continúan transmitiendo la sensibilidad de su autora.

Pero si algo destacan quienes la conocieron es que su valor iba mucho más allá de la obra artística. Pilar González Peregrín era una persona querida por su cercanía, su generosidad y su permanente curiosidad por la vida. Su calidad humana caminó siempre de la mano de su talento creativo.

Con su muerte desaparece una de las grandes referencias de la cerámica almeriense contemporánea. Sin embargo, permanece intacto el legado de una mujer que encontró en el barro una forma de contar el mundo y de compartir belleza.

Las flores que modeló, los niños que imaginó, los ángeles que creó y los colores con los que llenó sus piezas seguirán hablando de ella. Porque hay artistas que dejan obras. Y hay otros que dejan una manera de mirar la vida. Pilar González Peregrín pertenece, sin duda, a los segundos.

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