Se marcha un hombre bueno
"La Universidad de Almería pierde a uno de los nombres imprescindibles de su historia reciente"

Pedro Molina ren un almuerzo homenaje rodeado de amigos.
Hay personas que, sin hacer ruido, ayudan a construir las instituciones que sostienen el futuro de una sociedad. Pedro Molina García fue una de ellas. Con su fallecimiento, la Universidad de Almería pierde a uno de los nombres imprescindibles de su historia reciente, una figura esencial para comprender el crecimiento, la consolidación y la madurez de la universidad pública en nuestra provincia.
Nacido en Albox en 1945, Pedro Molina fue doctor en Filosofía por la Universidad de Valencia y catedrático en la Universidad de Almería. Quienes trabajamos a su lado sabemos que su trayectoria no se explica solo a través de los cargos que ocupó, entre ellos el de rector entre 2007 y 2015. Se explica, sobre todo, por su forma de estar en el mundo y de entender la vida.
Durante su juventud, cuando la dictadura franquista era ya un animal agonizante, Pedro vivió momentos extraordinariamente difíciles tras situarle la extrema derecha en su lista negra por defender la libertad y la democracia. Aquello no le arredró, todo lo contrario. Espoleó su reivindicación de ser, como él decía, sencillamente un demócrata.
Y esa identidad, defendida siempre con firmeza, unida a su formación filosófica, configuró el prisma desde el que miró la vida pública. Su forma de pensar, pausada y reflexiva, de hombre sabio, impregnó su manera de enseñar, de debatir y de tomar decisiones. La mirada de Pedro Molina siempre fue humanista y tolerante, tal vez fruto de su juvenil experiencia en el Seminario e imbuyó su labor docente y su posterior tarea al frente de la institución. Para él, la universidad pública representaba uno de los pilares fundamentales de la sociedad democrática, un espacio donde el pensamiento crítico y el conocimiento debían ponerse al servicio del bien común.
Su etapa en el Rectorado no puede entenderse sin recordar el trabajo conjunto que desarrolló con su querido amigo Pepe Guerrero, cuyo fallecimiento, hace año y medio, Pedro vivió con absoluto desgarro. Con él formó un tándem irrepetible en la historia reciente de la Universidad de Almería. Entre ambos supieron interpretar el momento que vivía la institución y proyectarla hacia el futuro. Aquellos años fueron decisivos y, en gran medida, los logros posteriores de la universidad encuentran su origen en aquella etapa de visión compartida y trabajo constante.
Quienes tuvimos la suerte de conocerlo y hoy sentimos una enorme pena por su partida, recordamos a la persona cercana y cariñosa que era, al marido enamorado de su querida Lola, al abuelo afectuoso, al amigo entrañable, al profesor respetado, al hombre profundamente comprometido con la educación y con la defensa de lo público.
Su pérdida deja un vacío enorme entre su familia, sus amigos y entre las muchas personas que compartieron con él años de trabajo, ilusión y construcción colectiva en la Universidad de Almería, que fue, sin duda, la gran pasión de su vida.