La Voz de Almeria

Obituarios

Simón Venzal

Adiós, compañero. Hasta siempre, amigo

Mariano Garfias Espejo

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Un frio aire de tristeza me invadió esta mañana cuando un compañero me comunica que nuestro querido Simón Venzal falleció el pasado  jueves. Hablar de Simón Venzal hace que rememore aquéllos primeros años de ejercicio en este mundo tan complicado de la abogacía, aquellos años en los que se ansiaba desesperadamente un consejo, unas palabras de ánimo, encontrar un referente que ayudará a entender y asimilar este nuevo mundo que se plasmaba ante nuestros ojos y que distaba tanto de lo que aprendíamos en aquellas facultades, el impacto abismal que suponía la diferencia entre la teoría y la práctica.

Como no hay problema que no se resuelva, el destino, a veces, propicia que se crucen en nuestros caminos personas, como nuestro querido Simón, para ayudarnos a seguir adelante, ya que por el mero hecho de estar donde lo necesitabas, se erigía en referente y ejemplo de “ser” Abogado. Con él empezaba a comprender que la abogacía no se reducía a un mero conocimiento jurídico, sino que es mucho más compleja pues tiene diversos componentes, de los cuales nadie nos habló ni enseñó y que no se podía aprender estudiando, ya que la única forma de asimilarlo era y es experimentándolo, pues se trata de asimilar la importancia de irradiar presencia, elegancia, en las formas y en las palabras, disposición al compañero, respeto a los tribunales y a los demás compañeros, parquedad en la crítica ajena, estricto en la propia, y en el valor que tiene que tener la   “palabra” de un abogado. Esos atributos son precisamente los que definían la geografía del corazón de nuestro compañero, Simón. Desgraciadamente tuvo que superar muchos avatares que se cruzaron en su vida, quizás más de los que una persona pueda soportar, los cuales aparentemente superó con una dignidad elogiable que jamás condicionó su actitud ante la vida, aunque el dolor lo guardaba muy adentro, de tal manera que uno no lo percibía.

Hoy nos han dejado huérfanos de nuestro compañero, aquél abogado que caminaba pausadamente y elegantemente con su cartera en mano por estos nuestros Juzgados y que su “palabra” valía más que una escritura pública. Nunca te olvidaremos, compañero, maestro.


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