Paco Guillén Lloris
El hombre que abrió una Escuela en Calle Regocijos
Tony Fernández
Le conocí cuando era árbitro o linier de Andújar Oliver. Eran tiempos de gloria para nuestro arbitraje con estirpes de colegiados grandes como: los Torres Caravaca, Baeza Copado... árbitros muy buenos que no llegaron más lejos por ser de Almería. Paco, siempre luchó por ellos. Fue más padre que delegado y esto le costó vivir guerras internas en su Colegio pero siempre las ganó con su apuesta por la paz. Maestro La vida de éste almeriense me la se de memoria porque me la iba contando en aquellas visitas que hacía cada jueves a la Federación Almeriense de la que era secretario general. Mientras llegaba, Nicolás Uclés, me contaba cosas de los árbitros. Del Colegio de la calle Regocijos y de, Fernández Borbalán, su último tesoro nacido de su factoría. Él era maestro de obras y de todo lo que hiciera falta. Siempre echaba una mano y no se le resistía ningún chapú. En su garaje junto a la calle de Las Cruces guardaba por igual herramientas y fotografías de una vida larga y feliz con sus colegiados. Todos le querían. Con unos se llevaba mejor que con otros y me lo decía. Sabía bien como eran arbitrando y en su vida social. Era maestro de verbo fácil y talante conciliador. En sus tiempos mozos era como un trailer cargado de sacos de cemento y me decía que “iba a por todo por mis árbitros” pero luego “vamos a llevarnos bien y a tener tranquilidad”. Su felicidad Me contaba que ver a sus hijos felices y a sus nietos sanos y fuertes “es el premio que me ha dado la vida”. Nunca estaba malo. Siempre estaba igual y afincado en la Peluquería de Manolo despachaba el fútbol cada mañana antes de dar una vuelta por el Paseo de Almería. Siempre llevaba los bolsillos llenos de detalles para los amigos: bolígrafos, llaveros, insignias, hasta pulseras si tocaba cruzarse con una mujer. Paco daba todo lo que tenía con bondad y siempre estaba pendiente de sus amigos con una enorme fidelidad. Guardaba bien los secretos y optaba por sacar lo bueno y esconder lo malo a la hora de valorar a la persona de turno. Paco llevaba unos años despidendo a grandes amigos como Paco González (su entrenador) y Manolo el peluquero (su confesor). Hasta él tuvo que subir a Torrecárdenas un día y someterse a los rigores del cuerpo médico. Ese día fuí a visitarle y tenía un hermoso ramo de flores en su mesita de noche que le llevó, Pepe Orts, otro de sus árbitros. Su vida fue ayudar a los demás. Pelear por los árbitros y atender a su familia. Paco se conformaba con poco y no necesitaba ni fama ni dinero para ser el más feliz del corazón de Almería, donde solía pasear sus más de ochenta años de buen hombre. Un hombre fiel Su último cargo deportivo fue en la casa del fútbol almeriense. Nicolás Uclés le dio el cargo de secretario general y realizó una gran labor a su lado. Fue su brazo derecho y vivió unos años de felicidad viajando a Sevilla para hacer grande nuestro fútbol. En el despacho de Nicolás siempre tenía presenta a David Fernández Borbalán “será el mejor árbitro de todos los tiempos pero Andújar es mucho Andújar” decía, porque los dos crecieron a su lado. Almería ha perdido a un gran impulsor deportivo, a un hombre que hizo árbitros en una factoría creada por él. Se ha marchado sin decir adiós, con lo atento que era, seguro que estará diciendo en el Cielo: “¿puedo ir un momento a la Peluquería a decir adiós?.