José Maldonado Sánchez
Tu recuerdo no se perderá en el olvido
Yolanda Gómez Estévez
Es curioso: en vida no se me hubiera pasado por la imaginación transmitirte estas palabras, pero ahora siento la necesidad de hacerlas públicas, como nuera y admiradora tuya. Jose, un gran hombre de Vícar, has vivido 65años plenos, has compartido una convivencia con tu amada esposa Encarnación Berenguer. Has tenido junto a ella 4 hijos: Lourdes, José, Javier y Ricardo, mi amado. Les has visto crecer y has adorado a tus nietos Arantxa, Leyre, Ainhara, Daniel y Christian. Es en definitiva tu triunfo, la familia... Tu familia, por la que luchaste, porque para nosotros no has muerto, no has hecho más que irte a descansar, ahora el relevo lo toma nuestra querida Encarna, a la que querías con locura, que cuida y mima a sus descendientes como si se tratara de una gallina con sus polluelos. Recuerdo aquella vez que fuimos todos a recoger aceitunas de esos olivos tan lindos que plantaste y que con tanto mimo cuidaste... Recuerdo cuando me contabas cuánto habías trabajado para sacar a tus hijos adelante. Recuerdo cómo te conocí, tus explicaciones sobre cuestiones generalmente, sobre las labores de la labranza. Tu semblante, típicamente cortijero, sencillo, enjuto, recio, noble. Con manos fuertes, producto de años de esfuerzo y trabajo. Siempre te recordaré sentado en el sofá de casa... justo debajo de ese lienzo en el cual se plasma la imagen del cortijo donde tantos momentos has vivido junto a tu esposa. Me acuerdo también cuando me hablabas de tus tierras, del trabajo que desempeñaste en el Ayuntamiento de Vícar Todo, producto de tu trabajo, esfuerzo y sudor diario... tampoco hay que olvidar el adicional de tu esposa y tus hijos. Cuántas madrugadas y acarreos. Cuánto trabajo (a mano, con pico y pala). Cuántas ilusiones. Cuántos sudores y cuánto traqueteo de los carros y ladridos de los perros. Cuánta falta de descanso. Cuánto afán por cumplir con la obligación asumida, como buen marido, padre y abuelo para llegar a la meta que se resumía en ¡ser feliz y vivir con la familía que soñaste crear cuando eras un ilusonado joven! Te recordaré siempre con tu tembleque y sonrisilla... hasta el final. Siempre me llamo la atención una cualidad tuya, que yo aprecio en su grandeza, la honradez. Nunca olvidaremos que fuiste el gran progenitor, el padre, el que trabajó, el que luchó por sacar adelante a su familia, sin medios. El que trabajando, de poco hizo lo suficiente... ¡y de eso doy fe! Por ello, siempre estaremos en deuda contigo... ¡luchaste hasta la extenuación y conseguiste crear una familia estable y maravillosa, plena de principios y valores! Fuiste marido, padre y abuelo, agricultor y trabajador y aparte de buen andaluz y amigo de sus amigos y familiares... ¡Fuiste buen cristiano y sobre todo una gran persona! Estoy segura y me siento muy orgullosa de pertenecer a tu familia y juro que no te olvidaré nunca; los valores que inculcaste serán el referente para tus generaciones venideras. ¡Tu recuerdo no se perderá en el olvido, en lo que a mí respecta me esforzaré en que así sea. Nunca diste ni un paso demasiado adelante, ni un paso atrás! Todos fuimos presentes del adiós que el pueblo llano de Vícar te dio en el tanatorio, en el funeral, en la Parroquia de Las Cabañuelas y durante el trayecto hasta el cementerio, rezando el rosario y recordándote en nuestros sentimientos. Te dimos tierra, rezamos y lloramos por tu despedida. La vida continúa... contigo como referente. Nos consolamos al pensar que por fin habías conseguido lo que deseabas, descansar junto a tu madre y tu padre para siempre. Quiero dar las gracias a la maravillosa Puebla de Vícar y Las Cabañuelas, por su pésame generalizado a la familia de José Maldonado Sánchez. ¡Gracias porque cuando un andaluz fuerte, trabajador y honrrado se va, algo queda vacío, que nadie puede llenar, salvo el afecto y el cariño demostrado en el adiós, por sus familiares y amigos! Gracias por todo lo que nos has dado en vida y que estoy segura nos seguirás dando desde donde estás, en el paraíso celestial, junto a la Virgen del Carmen, el Santísimo Cristo de la Luz... que ellos reciban nuestras plegarias mediante tu intercesión. ¡Descansa en paz... Mi querido José, mi suegro, mi padre!