Francisco Cuadra Valverde-Peluquero
Han llamado al Maestro Paco para cortar el pelo a los Ángeles
Tony Fernández
Yo era en su peluquería uno de los niños de Carmela. Lo mismo me llamaba Manolo que Antonio. El maestro Paco era el hilo conductor de la vida de las Torres de Terriza, de las barandillas, del Barrio de Los Ángeles, donde formó una empresa con su inseparable, Maravillas. Nunca hablaba mal de nadie y ponía paz en todas las discusiones que se iban produciendo en su barbería. Cuatro sillas, una mesa con LA VOZ de Almería siempre y unos cuantos tebeos para los niños. El primer día me llevó mi padre y sobre la silla profesional ponía un banco de madera para poder pelarme. “¿Cuánto le quito al niños, Manolo?” le decía a mi padre que siempre le contestaba: “un arreglaico”. Mi madre iba a la peluquería de señoras. Separados por un tabique hombres y mujeres cada uno en su lugar y al fondo la conexión de las dos peluquerías. El maestro Paco nos cortó el pelo con ocho años y con 28. Fue testigo de nuestros primeros goles y de los primeros enfados cuando nos quedábamos en el banquillo. A su peluquería iba Nicolás el de la tienda a preguntar si había llegado ya el agua y algún chatillo de vino de Silvestre caía cuando había tanta tarea que no se podía ni subir al piso a comer. Las niñas de Paco fueron su alegría y su primer coche, aquel Seat 133, un regalo del cielo para perderse rumbo a Los Millares. La vida era distinta en aquella peluquería que no tenía horas. Llegaban los hombres de trabajar a las 9 de la noche y Paco afilaba la cuchilla para que llegaran a casa guapos y bien aseados. En la peluquería de Paco nos enterábamos de toda la vida del barrio, de los éxitos y de los fracasos. Si me iba a la Mili a Zaragoza ya se encargaba Paco de comentarlo. Si el tío Luis se había comprado un 127 azul ya se sabía la matrícula y, si alguien madrugaba un domingo, ya se encontraba a Paco sacando brillo al coche aparcado justo enfrente de la peluquería mientras Maravillas arreglaba a las niñas para ir a Misa primero y a su pueblo después. No se cuantas veces me has llamado Manolo y a mi Manolo Antonio. Lo que si tengo claro es que el barbero de mi barrio era una bella persona y lo queríamos todos mucho. Nos hicimos hombres a su lado y nos ponía guapos cuando salíamos a presumir con las niñas guapas de Los Ángeles. Cuánto bueno, Paco. Me dijo su pupilo, Ramón Solano, que: El maestro Paco se ha muerto. Que le había salido un trabajo en el Cielo porque la gente como el maestro Paco se merece lo más grande en la otra vida. Nunca llegaremos a quererte como tu nos has querido, con esa sonrisa de hombre sano, bueno. Paco hablará bien de nosotros en el Cielo como siempre lo hizo en la tierra.