Lupicinio González Mata
Dejaste huella indeleble
José María Pérez Tudela
Nos dejaste, la sombra amiga de todo el que tuvo el gozo de conocerte, pero José María Pérez Tudela sufre la pena de un hermano, incapaz de honrar tu memoria como mereces; en esta tarde de sombras inquietas y viejos arcanos me decido para ensalzar a tu esposa María, repleta su alma de madre excelsa y junto a ella, vuestra hija Matilde y una nieta que sigue “La senda de los pocos sabios que en el mundo han sido”. Ni mi admirada María ni el caballero, a imagen de Jesucristo y que goza ya del favor del Sumo Hacedor, permitieron nunca usar el don. Obtuvo un alto cargo en la Benemérita. Un último favor a los que todavía pisáis, o pisamos, la tierra parda y fría: rezad por mí.