Teófilo Stevenson - boxeador cubano
El hombre de la zurda demoledora
Guillermo Fuertes / Agencias

El boxeador cubano Teófilo Stevenson, uno de los nombres míticos del pugilismo en el siglo XX, falleció el pasado 11 de junio en La Habana, víctima de un ataque al corazón. Nacido en la provincia de Las Tunas, el 29 de marzo de 1952, era hijo de un inmigrante anglófono de la isla de San Vicente y una cubana de padres también inmigrantes anglófonos de la isla de San Cristóbal. Un día a su padre lo llamó el maestro y le dijo: “Lo mejor que tú haces es mandar al muchacho a aprender a boxear porque siempre se está fajando en el colegio, lo que él quiere es eso”. Lo demás es historia. El mítico entrenador Alcides Sagarra fundaría lo que vendría a llamarse la Escuela Cubana de Boxeo, donde se tomaron los mejores trabajos con boxeadores del mundo para adecuarlos a la realidad cubana. Así surgió la Escuela Superior del Perfeccionamiento Atlético (ESPA), y se crearon las Escuelas de Iniciación Deportiva y las Áreas Especiales. Aprovechando estas facilidades, Stevenson salió de su lejano poblado natal para abrirse paso en su carrera deportiva hasta los primeros planos del boxeo aficionado mundial. Entre sus muchos récords, Stevenson fue el segundo atleta de la historia en lograr ser triple campeón olímpico en boxeo. Las peleas de Stevenson, allá por los años 80 en Cuba, se seguían por la televisión como aquí los Madrid-Barcelona. Y además, se contaban por victorias, la mayoría por nocaut. Boxeador de los pesos pesados, Teófilo Stevenson era un mulato alto como una palma y fuerte como un toro, con brazos larguísimos y una pegada demoledora con la zurda. Se pasaba todo el combate ‘jabeando’ al contrario con la derecha (a veces incluso cayéndoles atrás cuando corrían, literalmente), hasta que, en un momento determinado, soltaba su mandoble y allí mismo terminaba el combate con el otro tumbado en la lona. Así ganó a muchos, aunque tuvo su némesis, el soviético Visotski. Rechazó ofertas millonarias del boxeo profesional, y nunca pudo enfrentarse al rival que siempre admiró: el gran Cassius Clay. Este, ya retirado y enfermo, fue a conocerlo en los años 90 a Cuba. Ambos se abrazaron y conversaron. Y confesaron su mutuo respeto deportivo.