Ángel Moncada Quesada
Los bellos recuerdos
Su nieta, Alicia Pérez Moncada

Hay quién enseña dando consejos, hay quién con sólo su conducta enseña aún más, y hay quienes enseñan con las dos cosas. Aquel acontecimiento ocurrió un jueves 9 de diciembre de 2010, que merece recuerdo, tristeza, añoranza… Todo un popurrí de sentimientos. Comprendieron que hay que quedarse con el lado bueno de las cosas, por muy difícil que sea una situación, por muy doloroso que sea, porque tarde o temprano pasará. Desde muy pequeña, ella tuvo una relación muy íntima con su abuelo. Éste le acompañaba, a ella y a sus nietos Juanfra, Pili, María del Mar y José todos los días al colegio. Los tres primeros son hermanos, y José y María del Mar son primos. Una vez en el cole, Ángel los besaba en la mejilla. Él se iba rutinariamente a jugar al dominó con sus compañeros viejecitos. A la hora del timbre del aviso de fin del cole, los pequeños corrían hacia él, les abrazaba y agarrados de la mano se iban a la casa de su abuela Antonia, quien les preparaba con mucho amor la comida todos los días para toda la familia, los primos, los papis… Un día, recuerda Alicia, en el que reinaba la lluvia, lluvia a cántaros, estaban los tres hermanos muy pequeños y no podían cruzar la calle a pie, ya que el agua les llegaba por debajo de sus rodillas. El abuelo, tan confiado en sí mismo, los llevó a los tres en sus brazos hasta la puerta del cole. Con él aprendió a jugar al dominó, se tiraban todas las tardes pegados y caminaban juntos a un lado y a otro. Visitaban rutinariamente a la tita Lola. Él era más que un familiar; era un amigo, un compañero… Conforme fue pasando el tiempo, la pequeña fue creciendo y se incorporó al instituto, lugar al que ya iba sola. Pero seguían viéndose con frecuencia, cada día. El abuelo ya se hacía mayor y no podía ir solo a jugar al dominó, entonces sus nietos se ofrecían siempre para llevarlo al lugar en cuestión. Hasta que un día pasó lo peor, él ingresó en el hospital, se reunieron los nueve nietos para despedirse de él (además de los 5 ya mencionados, Carolina, Ángel, Javi y Alberto). Ángel hizo llamar a Alicia mediante un gesto y ella se acercó (siempre se susurraba, entre la familia, que ella era su ojito derecho), hubo una intensa mirada entre ellos y finalizó en un abrazo impulsivo. Y se quedó durmiendo llevando en su mente el recuerdo de sus nietos mirándole con una sonrisa y el brillo en sus ojos. Es doloroso, pero es precioso poder recordar momentos vividos a su lado. Esté donde esté, cuida de todos ellos.