Un esposo, un padre y un abuelo entregado
La pequeña Adriana dedica una emotiva carta a su abuelo, al que nunca llegó a conocer

Hola abuelito, te escribo esta carta porque cuando miré por primera vez tu foto, sonreí, porque me trasmitías amor, la misma sensación que me trasmite mi papá. Por eso quiero que me conozcas con esta carta, ya que no puedo verte. No sé por qué no estás aquí. Según me dicen es porque el mal destino te llevó a una mala enfermedad; pero yo sé que me quieres, y eso lo noto cuando veo tu foto. ¡Abuelito! Tengo ya un año y un día y me dicen que tú llevas fuera cinco años; pues bueno, muchos besos porque te quiero mucho; y yo sé que tú también me quieres un motón. Lo noto. Yo soy muy chica pero me dicen mi papá y mis tíos que fuiste un padre y un abuelo modelito con todos tus hijos y tus nietos. Y de mi abuelita Carmen ni hablo… Cada vez que voy a su casa se nota la devoción y amor que te tiene cuando habla con tu foto. ¿Por qué no abres la puerta y apareces en ese momento? ¡Jo, Abuelito! Bueno, es igual, mi padre me habla de ti: de cómo le enseñaste a hablar, de cómo le dabas el desayuno, de cómo le llevabas a la escuela, de cómo le regañabas, de cómo le llevabas a la playa con la abuelita, de cómo tantas cosas que demostrabas tanto amor, que yo lo noto y si estuvieras aquí, te mataría a besos, abuelito. Oye abuelito, me dicen que mi papá, de los tres hermanos, fue el más rebelde y el más difícil de llevar, según tus convicciones personales. Pero que sepas que mi papá me dice que jamás pudo tener un padre mejor y más entregado a él, al resto de sus hijos y a la abuelita. Así que, por favor, no se lo tengas en cuenta, porque se le ponen los ojos vidriosos muchas veces cuando me habla de ti. Y además, abuelito, qué más dá, toda la familia está bien y sana, que es lo importante, y a mí me dan muchos besos, y eso es porque están contentos; aunque noto que te echan mucho de menos como yo también. Así que quédate tranquilo, que lo has hecho muy bien en toda tu vida como papá y como abuelito. ¡Jo! ¡Cuánto me gustaría abrazarte! Mi papá, mis tíos y la abuelita me dicen que te querrán siempre allá donde estés. Y yo no sé por qué no vienes de donde estés a estar con todos. Pero me da igual porque, como me dicen que te pareces a mi papá, yo lo miro a él y te veo a ti. ¡Jo abuelito! ¿Por qué no vienes a abrazarme? Bueno, es igual, ya abrazo a mi papá y a la abuelita y miro tu foto y me siento bien. Mil besos, abuelito, espero que algún día pueda abrazarte de verdad, pero me dicen que tendrá que pasar mucho, mucho tiempo y que eso será muy bueno para mí; pero yo no entiendo por qué.