Una hostia de libertad

Nueva entrega de la serie de artículos ‘La última francachela’

Celebración del fin del estado de alarma este pasado sábado en Barcelona.
Celebración del fin del estado de alarma este pasado sábado en Barcelona. Europa Press
Cristina Torres Ripoll
07:00 • 12 may. 2021

Quizá ya lo hayan olvidado, pero el próximo lunes se cumplirá un año del último aplauso a los sanitarios. Fue el domingo previo a la desescalada y que dio paso a la nueva normalidad.


No obstante, las ovaciones terminaron mucho antes. Lo hicieron cuando cambiamos los aplausos por las cacerolas, que tergiversaron el mensaje, y a los arcoíris por banderas porque ya sabíamos que todo iba a salir regular. Y la gente se preguntaba si esto nos convertiría en mejores personas. Y algunos lo creyeron, mientras se apostaban estratégicamente en sus balcones. Abanderados por una empatía disfrazada de mezquindad, señalando, ¿qué habrá sido de ellos? Simplemente transformaron su escenario. Ahora pasean al acecho de las narices que sobresalen de las mascarillas, las mismas que han pasado de ser negacionistas a respiracionistas. El caso es que dejamos de aplaudir y cuando tuvimos la oportunidad de recuperar ese aplauso, la realidad lo convirtió en una hostia de libertad.


La noche del pasado sábado bien podría haber sido una película de Pier Paolo Pasolini o el tríptico de El jardín de las delicias que pintó El Bosco. Una alegoría de nosotros mismos: la muchedumbre entregada a la libertad mientras un monstruo la engulle y caga.



Al estado de alarma lo despedí con una cerveza, sin grandes florituras, por si luego se cancelaba. Poco antes de las 00:00, algunas personas salieron a sus balcones y comenzaron una cuenta atrás que culminó en un aplauso, como los de antaño. Les mentiría si les digo que no me emocioné en aquella algarabía. Entonces, a los aplausos les secundaron vítores de libertad y el resto ya lo conocen. Tengo serias dudas de si somos idiotas o masoquistas. Aunque la gran mayoría piense que aquello que ocurrió es simplemente vivir a la madrileña, para mí fue una hostia de libertad.


Quizá deberíamos retomar ese aplauso a los sanitarios el próximo lunes, coincidiendo con su primera efeméride. Durante aquellas tardes, por un instante, fuimos mejores, hasta que dejamos de aplaudir. Volvamos a ser aquello. No convirtamos la libertad en libertinaje.





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