El efecto Bola de Nieve

Hay cantidad de sucesos inexplicables en todo lo que nos rodea y por supuesto también en la Música Inmortal. Hoy quiero que escuchéis uno de esos sucesos inexplicables, que me perdone Ravel por llamarlo así pero creo que su Bolero realmente tiene todas las características para nombrarlo de esta manera. 


Para empezar, es una pieza que seguramente a todos los lectores os suene, quizás el nombre, quizás la melodía o quizás su incesante ritmo... pero seguro que la conocéis un poco, aunque aún no la hayáis escuchado entera. Se trata de uno de esos megahits de este género. Mucha gente opina que no puede haber término medio con esta pieza: te encanta o realmente no puedes con ella. No os voy a engañar, no he hecho un estudio al respecto pero las respuestas de los pocos a los que he preguntado encajan en estas dos categorías, y en las filas de los detractores es fácil encontrar a muchos músicos. Siempre hago una búsqueda de información exhaustiva de las piezas que aquí tratamos y por supuesto gran parte de esa búsqueda está en la web. La cantidad de entradas que hay en Google sobre el Bolero no está nada mal, pero ¿cuántos artículos técnicos? La información de este tipo encontrada sobre la obra es mucho menor si la comparamos con cualquier otra. Por un lado vemos cómo a los especialistas no les despierta especial interés y sin embargo, se escucha una y otra vez en orquestas de todo el mundo. Desde luego algo extraño ocurre.


La pieza se estrenó en el año 1928 y en realidad es un ballet. La bailarina Ida Rubinstein le encargó a Ravel, sin duda uno de los grandes artistas que ha dado Francia, una obra para ella. Así que en su estreno, la Música acompañaba a los bailarines. El éxito de la pieza fue rotundo y pronto se desligó de su contexto teatral y se empezó a interpretar la composición musical sin nada más en escena. Desde esa primera vez ya encandiló al público y de momento se empezaría a escuchar por todo el mundo y... hasta ahora. No hay duda de que funciona genial con la audiencia. Pero lo curioso es que su éxito sea de esta magnitud, ya que la Música es realmente sencilla, diríamos casi que simple. Básicamente se trata de una melodía que se repite una y otra vez desde el principio hasta su final sobre un mínimo patrón rítmico. Esto es el Bolero . El propio Ravel se sorprendió del alcance de su obra, pues él mismo reconocería esa sencillez. Y aún así, el público la adora, pero ¿por qué?



Yolanda Girón.


En escuchas anteriores hemos hablado de obras cargadas de emoción, de contenidos extramusicales, la vida, la muerte... no sólo encontrábamos la belleza de la Música sino que encima ésta tenía componentes que iban más allá y que enriquecían aún más la experiencia. Y aquí nos encontramos en lo opuesto. Prácticamente en un estudio orquestal, en el que una bonita melodía se repite hasta la saciedad durante el poco más de cuarto de hora de duración. Podríamos decir casi que es una obra vacía de contenido. Y aún así, aquí me tenéis hablándoos de ella.


Aquí está el suceso inexplicable. Vemos cómo a pesar de su forma de ser, su fama es inalcanzable para casi cualquier otra obra. Pero es que el Bolero tiene una magia que ni siquiera el propio Ravel conocía. Tiene un poder hipnótico único. La caja (el tambor) te llama nada más empezar y la melodía empieza poco a poco a embaucarte sin que tú te des cuenta. Las distintas combinaciones de los instrumentos cada vez son más sensuales y van ganando en intensidad, mientras ese ritmo obstinado no para de crecer y empujar a toda la masa. Es como el efecto de una bola de nieve pero sin esa velocidad. Tú lo ves desde fuera pero cuando te quieres dar cuenta estás dentro del fenómeno Bolero. Todo va ganando fuerza y la energía es cada vez mayor y al final la bola se deshace en una explosión, en un gesto que muchos comparan con lo orgásmico. 


Esto es lo que yo encuentro en esta pieza, la explicación a las contradicciones que provoca. Obviamente yo soy una de esas muchas personas a las que el Bolero les fascina y creo que a vosotros os puede gustar también. O quizás no, pero desde luego es un tiempo que merece la pena que dediquéis y estaré encantado de oír vuestras opiniones al respecto. Como siempre, encontraréis el vídeo en las redes bajo el hashtag #EscuchandoMúsicaInmortal y también en la recién creada lista de reproducción de Spotify con el mismo nombre y, como no podía ser menos, en mi web.


Como veis, hoy hemos descargado de intensidad el asunto, pero no os acostumbréis. Espero que estéis atentos al próximo artículo, el último antes del verano, que será especial, aún más personal y al que dedicaré más cariño, si es que es posible. Hasta entonces.


Alejandro Aparicio es guitarrista almeriense. Músico fuera de los cánones habituales de la música clásica, destaca por su cercanía con el público en el escenario y su sensibilidad.


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