El último adiós del futbolista que quiso ser actor

El último adiós del futbolista que quiso ser actor

Juan Gabriel García 03:00 • 29 ago. 2012

El futbolista, entrenador y actor Florencio Amarilla Lacasa falleció el sábado 25 de agosto en Vélez Rubio. Tenía 77 años. Me cuesta mucho escribir estas líneas para recordar a mi amigo Amarilla. Los dedos me pesan y según aprieto cada una de las teclas y avanzan los renglones, siento que la despedida final se acerca. Entonces percibo un hondo y frío vacío que azota con rabia mi interior, un golpe seco que vapulea con aspereza el lugar en el que guardo los recuerdos de este inolvidable guerrero guaraní.

La historia de Amarilla sería digna de una gran película. Nació en Paraguay, en 1935, en una pequeña población campesina llamada Coronel Bogado. Nunca conoció a su madre. Parte de su infancia la pasó en Argentina, tal vez ahí aprendió a tratar con dulzura el balón. Más tarde volvió a Paraguay e inició su etapa como jugador de fútbol. Se hizo profesional en el Nacional de Asunción.

Trayectoria en el fútbol
Era zurdo, un extremo bregador, rápido y astuto que le pegaba con tanta potencia al balón que los que le vieron jugar afirman que su disparo nada tenía que envidiar al de Cristiano Ronaldo. Sus piernas se asemejaban a dos columnas dóricas. Era fuerza en su máxima esencia, raza, carácter, pura naturaleza desbordada.

El 14 de julio de 1957 Amarilla vivió uno de los días más felices de su carrera deportiva. Paraguay y Uruguay peleaban por una plaza en el Mundial de Suecia 58. Paraguay se impuso con un contundente 5 a 0 y Amarilla firmó tres tantos. Se había convertido en un héroe nacional. Después llegó el Mundial donde volvió a marcar y Paraguay hizo un buen papel. Le sirvió de escaparate para recalar en la Liga Española.

Fichó por el Real Oviedo de la Primera División donde jugó tres temporadas. Le tuvieron que buscar una madre española para que no ocupase plaza de extranjero. Su último club de Primera fue el Elche, pero una lesión que sufrió el año anterior mermó sus posibilidades de triunfar en la máxima categoría. Comenzó entonces una extensa trayectoria que en el final de su carrera le trajo al Club Deportivo Almería en la temporada 67-68. Ya jamás abandonaría la provincia. A mitad de la temporada siguiente el Almería desaparece pero Amarilla ya había encontrado su segunda vocación: el cine.

Cine y azar
El séptimo arte se cruzó en su camino por pura casualidad. Suena a chiste pero así lo recordaba Amarilla: “Estaba en el Gran Hotel tomando una cerveza. Se me acercó un señor de dos metros de altura, Antonio Tarruella, un ayudante de dirección y como me vio cara de indio me dijo que si quería participar en una película”. La cinta fue ‘100 rifles’ (1968) protagonizada por Raquel Welch, Jim Brown y Burt Reynolds con los que Amarilla entabló muy buena amistad.

A partir de ahí se convirtió en un fijo en los rodajes almerienses. Fue mucho más que un extra. Por su poderío físico, destreza montando a caballo y su atractivo, que le ayudaba a aguantar los primeros planos como si se hubiese formado en el Actors Studio, no paraba de trabajar en las películas. En cintas como ‘El Cóndor’ (1970), al lado de Lee Van Cleef, o ‘El oro de nadie’ (1971), donde le roba planos al mismísimo Yul Brynner, su nombre aparece en los títulos de crédito como un actor más del reparto.

Siempre compaginó el cine con el fútbol, pero en esta etapa desde los banquillos. Ha entrenado a los principales clubes de la




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