Historias almerienses sobre el paisaje (VI): El gran vacío del sureste

Una serie que aspira a intervenir en la percepción de la realidad geográfica y territorial

El gran vacío del sureste. Población de las entidades urbanas.
El gran vacío del sureste. Población de las entidades urbanas. Rodolfo Caparrós

Vista desde fuera, la identidad almeriense plantea a menudo la dicotomía entre lo andaluz y lo levantino (o lo murciano). Vista desde dentro, esta dicotomía es absurda: nuestra identidad es ser almerienses. Sin embargo, es una identidad a menudo definida por un “parecer”, más que por un “ser”. El cine nos muestra como el norte de África, el medio Oriente, la península Arábiga, el Oeste de los Estados Unidos de América (sobre todo su parte meridional), pero rara vez enmarca nuestra propia historia. Nuestra aparición cinematográfica menos impostada se produjo en la película 'Patton', donde prestamos nuestra escena urbana a Sicilia, una isla mediterránea al fin y al cabo.

Nuestra identidad tiene una “ontología débil”: una región sentimental, que se verifica en las memorias familiares, en los aromas y sabores de la infancia; una región casi mítica, de cuyas penalidades hemos huido construyendo un refugio de densidad (la región urbana Almería-Poniente, en VJ7), a costa de debilitar aún más la Almería interior y de montaña de la que todos provenimos, y donde se ancla una memoria colectiva cada vez más difuminada.

Cuando se vuelve tema recurrente nuestra supuesta incomodidad por ser administrativamente andaluces, hemos de recordar que la forma de ser andaluces, españoles o europeos  que nos corresponde es ser almerienses. La principal agresión a nuestra identidad no viene de identidades importadas o influencias exógenas, sino de la huida de nosotros mismos a la que nos ha obligado la historia. La forma saludable de estar en el mundo contemporáneo es estar abierto a todas las influencias, desde un anclaje sólido con la propia identidad. Es el debilitamiento de ese anclaje el que vuelve problemático y conflictivo nuestro estar en el mundo global.

El sureste

El marco geográfico de nuestra identidad debe considerar el sureste como espacio de oportunidades y problemas. Las claves del sureste son fáciles de trazar. El Yelmo, en la sierra de Segura (Jaén), donde se separan las cuencas atlánticas y mediterráneas, es su clave interior. El arrecife de las Sirenas del cabo de Gata (Níjar) es su clave exterior. A ambos lados de ese eje se extiende nuestra “región”, cuya delimitación supone siempre un ejercicio cartográfico tan divertido como discutible.

Esta “región”  montañosa, árida y mediterránea, tiene una característica diferencial que va a resultar definitiva en el desgranar de este relato: es un vacío demográfico. El gran vacío del sureste. Este es un hecho de una enorme trascendencia para las dinámicas territoriales afectadas, y, sin embargo, no está presente en nuestra conciencia, en nuestras cosmovisión, lo que amenaza con situar nuestras iniciativas estratégicas en el terreno de la fabulación.

Responsable de la insularidad y de la vocación exportadora del territorio almeriense (exportamos porque carecemos de mercado local), el gran vacío del sureste, cada vez más vacío, es uno de los dos puntos en los que la “España vacía” contacta con el Mediterráneo, como puede observarse en el mapa de densidad de los sistemas urbanos.

Estrategias

Mapa de calor de la densidad de los sistemas urbanos españoles.
Mapa de calor de la densidad de los sistemas urbanos españoles.Rodolfo Caparrós

Este gran vacío nos advierte de que no podemos basar nuestras estrategias de desarrollo en combatir el aislamiento mediante infraestructuras de transporte terrestre. Esas infraestructuras, necesarias para la conexión con el exterior, pueden llegar a acentuar la insularidad, como ya se ha puesto de manifiesto tras la entrada en servicio de las Autovías.

Nuestras estrategias de desarrollo deben basarse en entender quienes somos, y cómo es nuestro territorio. La persistente reivindicación de normalidad, consecuencia de pasados complejos, no va a mejorar nuestra posición competitiva. Si a lo máximo que aspiramos es a tener las mismas dotaciones que nuestros vecinos, nuestra posición geográfica, nuestra insularidad y el gran vacío del sureste nos penalizarán: es la ley del mapa.

Cómo convertir ese vacío que nos constituye en una ventaja competitiva es nuestro reto, que nos exige hacer las cosas mejor que nuestros vecinos, fortaleciendo nuestra conciencia de ser, la cohesión interior, y los proyectos de futuro como elementos fundamentales en los que forjar una identidad operativa.

Balates en ladera.
Balates en ladera.Rodolfo Caparrós


En la próxima entrega de Virado a Jibia, nos acercaremos a la comprensión de la región urbana Almería-Poniente, la auténtica isla.



 

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