Morricone: la banda sonora de Almería

El compositor italiano ha sido galardonado con el Premio Princesa de Asturias de las Artes

Ennio Morricone, en una foto dedicada a LA VOZ DE ALMERÍA.
Ennio Morricone, en una foto dedicada a LA VOZ DE ALMERÍA. La Voz
Javier Adolfo Iglesias
21:03 • 05 jun. 2020

Con motivo de la concesión del Premio Princesa de Asturias de las Artes 2020 a Ennio Morricone, compartido con el también compositor de música de cine John Williams, recuperamos este artículo de Javier Adolfo Iglesias para la 'Guía del Cine' editada por el Instituto de Estudios Almerienses (IEA) y coordinada por Juan Gabriel García. Un texto que habla de la relación entre el paisaje de la tierra del indalo y la obra del músico italiano. La foto que lo acompaña está dedicada a LA VOZ DE ALMERÍA personalmente por Morricone, dedicatoria que firmó en Alcala de Henares.



La banda sonora de Almería la hizo Morricone para la eternidad. No es una metáfora, Almería tiene su propia música evocadora como Nueva York tiene la de Gershwin. Pocos paisajes en el mundo se pueden identificar a través de unas pocas notas, de una pincelada musical. Lo hace Morricone con Almería desde la primera imagen en las que el instrumento se convierte en pistola y abre La muerte tenía un precio. La relación de Almeria con Ennio Morricone es tan intensa que no se explica que jamás haya pisado esta tierra. No sólo este músico romano comenzó a componer bandas sonoras con las películas de Almería sino que saltó a la fama por ellas. Y no fueron pocas, un total de 21. Casi en su totalidad fueron westerns, todos menos la última, rodada en 1983, una versión femenina de Conan titulada Hundra. Además, todos sus ingredientes musicales personales e inconfundibles que desarrollaría en otras partituras fílmicas posteriores ya estaban en las películas “almerienses” que musicó: el uso de las voces corales y solistas, su lirismo exacerbado, la melodía cautivadora y la innovación agresiva en sonidos y orquestación. Morricone trajo a la música de cine nuevos sonidos e instrumentos: silbidos, castañuela, guitarra eléctrica, flauta, órganos, campanas, arpas, gruñidos, golpes, onomatopeyas… todos los mezclaba como nadie antes lo había hecho.



Todos los estilos de Morricone se dieron cita en las dos decenas de películas rodadas en Almería: el experimentador y abstracto en Cara a Cara (1967), el pastiche folclórico en Vamos a matar compañeros (1979), el dramático De hombre a hombre (1967), el lírico y épico de Hasta que llegó su hora, el melódico de Y por techo un cielo de estrellas, incluso la comedia Agáchate maldito (1971). Sergio Leone llamó la primera vez a Morricone porque era compañero suyo de colegio. Ya desde Por un puñado de dólares (1964) ambos innovaron al darle a los títulos de crédito la preponderancia que sólo Hitchcock había plasmado antes con Saul Bass. No está claro el papel de Leone en el hallazgo por Morricone de su propia marca y estilo. Antes y casi simultáneamente a su primer trabajo con Leone, Morricone hizo una partitura para el western Las  pistolas  no  discuten (1964), de Mario Caiano. Esta banda sonora no destaca en nada y está llena de tópicos musicales heredados del western norteamericano.



Fue en su primera colaboración con Leone en 1965, en La muerte tenía un precio cuando Morricone comienza a hacerse popular, su estilo reconocible y sus piezas



orquestales se convierten en “canciones sin letra” que se venden como singles en España como los de Los Brincos o Los Pekenikes. Se populariza su tema de arranque de los títulos de crédito con la inconfundible arpa de boca y el silbido que ya había usado en Por un puñado de dólares. En esta ocasión se suman los agresivos coros masculinos en un envolvente ‘in crescendo’ que será ya también otro de sus rasgos inconfundibles el resto de su carrera. Ya también aquí, con el tema del reloj del malo Gian María Volonté, Morricone anticipa el uso del leit motiv musical dramático recurrente que perfeccionará en El Bueno, el feo y el malo, con la famosa pincelada musical que aparece en finales y comienzos de escenas para presentar e identificar a los personajes. En esta obra cumbre de su trilogía del dólar las voces femeninas ganan peso en los coros hasta llegar al paroxismo del tema Extasis del Oro de su secuencia final.



Morricone tiene varias obras maestras asociadas al paisaje de Almería además de las partituras que hizo para Leone pero ambos comparten una: Hasta que llegó su hora. Como en sus filmes anteriores, Leone explicaba a su amigo músico antes de filmar lo que quería con detalle de su genio musical. Pero en esta ocasión, hubo una vuelta de tuerca. Jamás la música de Morricone tuvo tanto peso como en el rodaje de su cuarta película en Almería. Henry Fonda echaba fría crueldad por sus ojos azules mientras que el mítico actor de Hollywood y el resto del equipo oían la partitura de Morricone a través de los altavoces. Jamás estuvo tan cerca Morricone de Almería.



El color y dramatismo de la música que hizo Morricone para numerosos westerns rodados en Almería y el hecho de que dividiera sus bandas sonoras en pequeñas piezas o canciones orquestales independientes ha propiciado que el director norteamericano Quentin Tarantino lo haya utilizado de forma reiterada en sus últimas tres películas, las dos entregas de Kill Bill y Malditos Bastardos. Morricone ha vuelto a estar en la cima de la popularidad. Si el músico romano comenzó usando las guitarras eléctricas tomadas del rock sureño y el estilo de los Shadows, en los últimos años rockeros como Los Ramones o Metallica hicieron versiones en sus conciertos de temas del compositor romano, dándole a conocer a audiencias más jóvenes.



Todo lo dicho se resume en el uso dramático de la música como nunca se había hecho antes en el western. Sólo autores anteriores como Bernard Hermann con Hitchcock habían sabido transformar la imagen en música y la música en imagen.


La carrera de Leone no está limitada a Leone, ni siquiera al western, pero no hay duda de que lo mejor, lo que lo marca y distingue a Morricone de otros grandes compositores en la historia del cine está ya en su obra “almeriense”. Bandas sonoras posteriores le dieron celebridad y popularidad: tal es el caso de La Misión o Cinema Paradiso. Sin embargo, su máximo lirismo ya estaba en el tema cumbre de Hasta que llegó su hora, con el rostro de Claudia Cardinale y el desierto almeriense y la vecina llanura de Guadix.


Era normal que Morricone se repitiera dado lo prolífico de su obra. La bella apertura musical de Y por techo un cielo de estrellas apunta al tema musical citado anteriormente. Sin embargo, es más la sensación de que se repite a través de sus muchos alumnos, seguidores e imitadores de segunda y tercera fila que repitieron hasta la saciedad los guiños, sonidos y trucos de Morricone. De todos estos seguidores, los de más calidad, estaban en el entorno del maestro Morricone. El caso de Bruno Nicolai, que dirigió sus primeras partituras-, Francisco de Massi y Nicola  Rustichelli.  Morricone no siempre estuvo a gran altura: los estridentes coros y percusiones de Navajo Joe o Vamos a matar compañeros lo recuerdan. Gracias a cineastas posteriores como Quentin Tarantino, la música de Leone ha vivido una mayor popularización si cabe, con descubrimiento de sus excelentes partituras en Cara a cara, El halcón y la presa o De hombre a hombre. Así nos recuerda que la banda sonora de Almería tiene un nombre: Morricone.


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