Almería y la ópera, un relato del siglo XIII al XV

La importancia de esta tierra como actor internacional en el mundo de la lírica

Ilustración  de la ópera ‘LAlmeria’.
Ilustración de la ópera ‘LAlmeria’.

Durante la Edad Media, Almería se constituyó en un reino de gran importancia en el mundo musulmán y cristiano, convirtiéndose en un actor internacional de reconocido renombre. Tras la muerte en Almería del que era considerado por los almerienses como rey de Almería, Ibn Hud, el reino fue conquistado por el rey de Granada entre 1238 a 1243-5 a pesar de la resistencia que protagonizó Ibn al-Ramimi, gobernador de la ciudad en aquellos años, que se intituló señor de Almería. A partir de este momento, el territorio sería incorporado a la corona granadina pero, a pesar de ello, seguiría manteniendo su identidad territorial reconocida como reino por parte de la monarquía granadina y, asimismo, por los actores internacionales del momento, e incluso, se puede observar una cierta autonomía de actuación por parte de las oligarquías locales que lleva a intentos de segregación del reino en alguna que otra ocasión.


Este hecho de “la singularidad almeriense” –la vocación de autogobernarse- se veía  reforzado por la dificultad comunicativa que existía entre Almería y Granada, causada por la difícil orografía del terreno, lo que probablemente llevó a la monarquía granadina a tomar la decisión de dejar en Almería, a cargo de ella y, como máximo representante de su autoridad, a algún familiar que tuviera los tratamientos de Príncipe, Infante y Señor de Almería como es el caso entre otros de Yusuf Ibn Ahmad, reconocido en un documento valenciano de 1440 como “Molt e magniffic princep don Juçeff Infant e Señyor d’Almeria, lo fill del Infant Azmet” (Muy y magnifico príncipe don Yusef, Infante y Señor de Almería, hijo del Infante Ahmed).


Tener un territorio propio llamado reino de Almería, con unas autoridades  (príncipe-infante, con el tratamiento de señor que era reservado a los reyes) que ejercían poder sobre él de manera más o menos autónoma con respecto al rey de Granada, le confirió a Almería un protagonismo durante algo más de doscientos años, que le hizo ser reconocida en el escenario internacional como sujeto político activo con voluntad propia, sobre todo en las relaciones con las potencias comerciales del occidente mediterráneo. De entre ellas, destacarían las realizadas con la Corona de Aragón y, en concreto, con los nuevos reinos cristianos de Valencia y Mallorca, también nacidos a partir del siglo XIII.  No es poca la correspondencia epistolar de este periodo que se puede consultar conservada en los archivos de esta Corona, entre autoridades mallorquinas o valencianas dirigidas directamente a las almerienses y viceversa, para resolver problemas de sus conciudadanos, saltándose a la autoridad granadina, a la que solo se acudía en caso de no quedar solventada satisfactoriamente la situación como último recurso.


En este contexto histórico, podemos destacar como sujeto activo a Valencia, que se relacionaba comercialmente con Granada, Almería y Marruecos, territorios con los que mantenía una dinámica actividad comercial recíproca, convirtiéndose todos ellos en los protagonistas de un fructífero intercambio y de una intensa acción diplomática. Este escenario que estamos describiendo se vio reflejado trescientos años después en una obra que era una ópera, escrita en italiano napolitano llamada ‘L’Almeria’, en la que se le da el protagonismo precisamente a Almería. El autor es el compositor napolitano llamado Gian (Giovani) Francesco de Majo (1732-1770) de reconocido prestigio, del cual Mozart, que tuvo ocasión de escucharlo en una iglesia, dijo a su hermana que “hacía una música hermosa”. 




La obra fue considerada un “nouvo drama e obra seria”. El libreto era del abad Marco Coltellini. Fue muy valorada en su momento por su novedosa temática, puesto que, por primera vez, una ópera no se ocupaba de temas mitológicos o de historia clásica, sino que se situaba en la corte de la Granada musulmana de los siglos XIII al XV. Se estrenó en la ciudad italiana de Livorno en 1761 y fue representada en Barcelona en 1764. La escena se desarrolla en el palacio granadino y los protagonistas son un reflejo simbólico del escenario internacional que se vivió en la Almería que hemos descrito con anterioridad compuesto por los siguientes personajes: Enmanuelle, rey de Granada; Almería, su hija, la princesa; Alfonso, bajo el nombre de Osmino, príncipe de Valencia y, en secreto, consorte de Almería; Zaira, reina de Marruecos y amante de Alfonso; Garzia, general de armas de Granada y destinado a ser el esposo de Almería, y Ramiro, ayo de Almería y amigo secreto de Alfonso.

Detalle de portulano de 1321, con la bandera del reino de Almería entre las de Castilla y Aragón.
Detalle de portulano de 1321, con la bandera del reino de Almería entre las de Castilla y Aragón.


La construcción que hace Majo del universo almeriense no deja de sorprender y no puede resultar indiferente. Para comenzar, la primera reflexión a la que nos lleva es que a Almería la ve, no como un apéndice o parte anexa del rey de Granada, sino como una hija, un ser autónomo, con voluntad propia. A su vez, por su condición femenina, una persona delicada y débil. Reflejo de esta debilidad asignada a su género y circunstancias, es el hecho de que su padre pretende escribir y dirigir su destino sin consultarle, subyugándola imponiendo su voluntad, al pretender que se case con un general de armas de Granada. Ella, que no tiene capacidad de defensa ante tal agresión a su libertad, se revela casándose en secreto por amor con un príncipe valenciano como respuesta al drama que vive.


En definitiva, Majo utiliza el ejemplo de Almería para denunciar y hablar de una injusticia y tragedia social vivida por tantas mujeres en el mundo a lo largo de los siglos, convirtiendo a Almería en símbolo de ello, comparándola con esa indefensa mujer a la que su padre -Granada- amparado en su autoridad y fuerza, le impone su voluntad frente a la que ella lucha en la clandestinidad con las escasas armas de que dispone para oponerse a ese indeseado destino.


Qué decir tiene que resulta de lo más misterioso a día de hoy saber cuál fue el motivo que empujó a un napolitano del siglo XVIII a fijarse en Almería para convertirla en protagonista de su obra con tales argumentos tan sensibles, nobles y universales, pero sabemos que existe un libro de historia napolitana de 1675 con el título de ‘Dell’historia della Città e regno di Napoli, 1442 a 1500’, en el que se recoge un episodio que bien pudiera ser la fuente inspiradora.


Se trata del intento secreto por parte del rey de Aragón, con la ayuda del valenciano conde de Concentaina y las oligarquías almerienses, de sublevar el reino de Almería para independizarse de Granada y ponerse bajo la protección de Aragón en 1456. Quizás pudo ser este hecho el que llamase su atención, o quizás otro, pues se dieron varios a lo largo de esos cerca de 250 años de existencia del reino de Granada musulmán.


No obstante, lo que sí parece claro es que en tierras extranjeras, en aquellos años, había suficiente conocimiento del papel jugado por Almería en siglos anteriores, considerando a esta tierra digna de ostentar el protagonismo de una obra de estas características, reputando a Almería, la eterna subyugada siempre en lucha por sus sueños de libertad.

 

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