Manu Muñoz: “Creo que se avecina un cambio potente en mi pintura”

El pintor almeriense prepara para otoño e invierno varias exposiciones en Almería, Madrid

Manuel Muñoz, junto a una de sus obras en su estudio de Cabo de Gata, donde vive y trabaja.
Manuel Muñoz, junto a una de sus obras en su estudio de Cabo de Gata, donde vive y trabaja. José María Mellado

“No sé si lo conseguiré, pero me gustaría llegar a una especie de abstracción muy sugerente, en la que haya una atmósfera casi real, pero compuesta por elementos, manchas o formas, que en absoluto tienen que ver con la realidad”, dice Manu Muñoz, y pasea su vista por las obras y lienzos que reposan en los caballetes y rincones de su estudio.


“Al final, quiero que el cuadro tenga una entidad casi humana. Que, en lugar de estar frente a un cuadro, tengas la sensación de estar... no frente a algo, sino a alguien. Creo que es a lo máximo que puedo aspirar, a donde me gustaría llegar”.


Manu Muñoz es pintor casi desde que recuerda. Con 14 o 15, empezando bachiller, ya estaba en el mundo del grafiti. Y cuando llegó el momento de plantearse si hacer una carrera o no, ya estaba trabajando con una galería, y tenía claro que lo que le interesaba en la vida era pintar. “Me costó broncas en casa”, sonríe, “pero mis padres…, simplemente me dejaron en libertad para hacer lo que quisiera. Que es el mejor apoyo que te pueden prestar unos padres. Darte libertad para decidir tu vida”.


El salto al lienzo lo dio cuando lo invitaron a una exposición benéfica en Almería, y vendió un cuadro. Luego la galería lo llevó a Japón… “Tendría 17 ó 18 años, 1994, por ahí”, recuerda. “Y a partir de ahí fue sucediendo una cosa detrás de la otra. Hice exposiciones aquí con José Ruiz Mateo, compartimos taller y estuvimos pintando juntos mucho tiempo... Y ya con 22 años cambié de galería en Madrid, empecé con Blanca Soto, con la que aún sigo. Ya ese fue otro nivel. Mejoré un montón, empecé a hacer formato grande…”.




Cabo de Gata
Ha estado, durante temporadas mas o menos largas, en Madrid, Barcelona, Londres, Bélgica. En Londres incluso pensó establecerse, pero terminó volviendo a Cabo de Gata. “Cierto es que allí, tomando una cerveza te pues encontrar con el director de la Tate, pero… No sé si estaba dispuesto a entrar en aquella dinámica”, reflexiona. “Londres está perdiendo un poco el alma y convirtiéndose en una máquina de hacer y devorar dinero”.


Trabajar aquí, en su estudio frente al mar de Cabo de Gata, “es maravilloso”, dice, y abre los brazos. “Durante diez meses al año esto está prácticamente vacío. Salgo por la mañana de mi casa con la idea en la cabeza y no tengo influencias externas, nadie me distorsiona. Pinto hasta la noche, vuelvo… Es que para trabajar, producir, no se me ocurre mejor sitio en el mundo”.


A veces piensa que le gustaría irse a pintar una temporada a “no sé, algún país del Báltico, o a Polonia... Pero es que mover todo el tinglado que tengo aquí a cualquier sitio, es tremendo”.


En la actualidad trabaja con varias galerías. “En Almería estoy con Acanto; en Madrid, con Blanca Soto; en Barcelona, con Víctor Lope desde hace tres años; y desde el otoño pasado, con una galería de Oviedo, Lucía Dueñas. Y empiezo ahora en México con Pilar Cubillo, que inaugura en septiembre, u octubre”.


Y a partir de septiembre comienza una etapa repleta de exposiciones. “En Almería, en Acanto, en otoño, seguro”, enumera. “Otra en México, que seguramente se inaugurará en la primera semana de septiembre, por ahí. Y en invierno, tal vez febrero, probablemente vuelva a Madrid, con Blanca Soto”.


Evolución
En México expondrá obra que ya tenía pintada. En Acanto, mucha obra sobre papel, dibujos, obras de pequeño formato. Y en Madrid, “que es donde mas leña puedo echar, seguiré la línea en que estoy, ese punto entre la figuración, la abstracción, o igual me meto en paisaje...”.


Ahora, en pleno verano, Cabo de Gata está lleno y en el estudio hace un poco de calor. Manuel Muñoz Nieto, almeriense del 77, ya tiene interiorizados los ritmos del pueblo, y de su pintura. Su evolución como artista ha sido “una cosa muy natural”, dice. “Pienso que son las circunstancias y las ganas lo que te hacen evolucionar. Y luego, que he tenido muchísima suerte con la gente que he conocido. Ginés Cervantes, Capuleto…”.


Empezó en el grafiti de forma casi accidental. “Es una cosa muy primitiva. Pintar en la pared, la pared de la cueva, ¿no? Supongo que el gen de pintor, o creador, siempre lo he tenido por ahí, y en aquel camino lo vi claro. Aún hoy, siempre que puedo hago cuadros grandes. Mi raíz la tengo aún en el grafiti”. En lienzos no es lo mismo, “pero, en resumen, me hace igual de feliz”. La pintura es un arte misterioso que, de alguna forma atrapa el tiempo que el artista ha empleado creando. “Y esa potencia, que nadie entiende ni entenderá nunca… No sabes muy bien qué ha ocurrido o qué está ocurriendo para que aquello que está allí te mueva hasta ese punto. Y no hay otra cosa que iguale eso”.

 

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