Huércal-Overa

El almeriense que dedicó su vida a la relojería y reparó un Morez del siglo XVII

José Antonio Jiménez, “a mis 74 años no tengo prisa por jubilarme”

José Antonio Jiménez en su taller reparando relojes.
José Antonio Jiménez en su taller reparando relojes. La Voz
Marina Ginés
11:20 • 02 may. 2023

Generaciones de huercalenses han acudido al número 1 de la calle Era, buscando que José Antonio Jiménez Gómez, el relojero, diera solución a las piezas de sus cronómetros. Una tarea minuciosa y artesanal por la que el huercalense ha recibido recientemente un galardón para reconocer su trayectoria en la última Gala del Comercio de Huércal-Overa, por sus más de 60 años dedicados al mundo de la relojería que a día de hoy a sus 74 años continua siendo una de sus pasiones, “no tengo prisa por jubilarme”.






Una condecoración que el protagonista recibió notablemente orgulloso. “Me emocioné mucho, más cuando estaba presente la familia del que fue mi maestro, Paco Lázaro un famoso relojero de Huércal-Overa que trajo el oficio desde Argentina” Jiménez recordó que tras la muerte de su maestro ninguno de sus hijos tomó el testigo, pero que él sí decidió continuar con el legado de su maestro, “mis hijos no van a seguir el oficio tampoco”, puntualizó.






Y es que, el mundo de la relojería ha cambiado mucho, “se han vivido grandes metamorfosis, empezamos con los relojes de cilindro, los más primitivos, luego el reloj de pasadores, luego el reloj de ánforas, todos ellos relojes mecánicos, pero luego se introdujo la electrónica, pasó al cuarzo y ahora ya existen los digitales y los relojes inteligentes conectados con el móvil”, repasó el protagonista que confesó que con los últimos avances en relojes su mayor trabajo ahora es restaurar piezas de valor. “Mi mayor trabajo ahora es reparar relojes antiguos, piezas de coleccionista, trabajo para varias relojerías a la venta le he ido dando de lado poco a poco”






El reloj más antiguo que he reparado a sido un Morez de entre el año 1600 o 1700”. Los relojes Morez, también conocidos como Comtoise, reciben este nombre por estar fabricado en la región Franche-Comté. La historia de su fabricación es muy curiosa: los campesinos relojeros de la región compraban las piezas y montaban los relojes en sus casas, y los sábados bajaban al valle con algunos modelos para venderlos. De allí, los relojes se enviaban a España e Italia.




En casos tan únicos y delicados como este Jose Antonio, como cualquier persona, confesó que se pone más tenso de lo habitual. “Lo paso muy mal cuando me traen una pieza de museo así, los nervios me comen. Cuando tengo un reloj en mi mano los nervios me los guardo en un bolsillo pero cuando he terminado, ¡salto!” bromeó el huercalense que dejó claro que a pesar de la complejidad y la pericia que requieren algunas piezas que llegan a sus manos en su taller, aún no piensa en jubilarse.



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