Roquetas de Mar

“Me agarró, me golpeó, me arrastró hasta la tierra y allí hizo lo que hizo”

La víctima de una violación en la Urbanización pide medidas ante el aumento de agresiones

La Avenida de Las Marinas separa el barrio del mismo nombre de la Urbanización, donde ocurrió la agresión sexual.
La Avenida de Las Marinas separa el barrio del mismo nombre de la Urbanización, donde ocurrió la agresión sexual. La Voz
Eva de la Torre
07:00 • 16 dic. 2018

Lleva veinte años viviendo en el barrio de Las Marinas y en todo este tiempo nunca había tenido ningún problema ni había sentido miedo por la calle. Por eso, el sábado 1 de diciembre, como tantos otros días, salio a dar un paseo y su vida cambió: un hombre la asaltó, le golpeó y la violó.




“Salí de mi casa para tomar el aire, para despejarme un poco, y fui hacia la zona de chalés de la Urbanización. Eran sobre las diez y media de la noche, pero es una zona bien iluminada, una calle con mucha luz. Nunca en 20 años he tenido ningún problema”, insiste Elena, nombre ficticio de esta mujer de 40 años, víctima de una agresión sexual.




Todo ocurrió cuando ya volvía hacia su casa, a penas a cien metros de ella y a unos veinte de la avenida principal, la que separa la Urbanización de Las Marinas. Entonces, por el lado de la derecha, de los jardines salió un hombre. “Sospeché al verlo y comencé a ir más deprisa, pero me cogió el bolso, una mochila pequeña que llevaba. Entonces salí corriendo, pero me alcanzó y me agarró por detrás. Después comenzó a golpearme en la cara y la cabeza, con golpes como los del boxeo, y con uno de esos me tiró al suelo. Entonces me arrastró a la zona de tierra y allí hizo lo que hizo”. Y lo que este hombre hizo fue violarla.




Al principio, Elena gritó pidiendo ayuda, pero después, cuando ya estaba en el suelo no pudo seguir. “Tuve que dejar de gritar, él, mientras me pegaba y amenazaba, me decía ‘a callar, a callar”. En aquel momento, temiendo por su vida, dejó de resistirse y solo hacía que decirle “por favor, no me hagas nada, por favor, que tengo una hija pequeñita”.




Cuando acabó, este violador le quitó el dinero de la cartera, dejando las tarjetas de crédito, las llaves y el móvil, y salió corriendo.




“Al irse, me decía ‘soy gitano, soy gitano’, pero se veía que no. Era magrebí, se le notaba por el aspecto y por el acento”, asegura Elena.




Cuando todo acabó, llamó a una amiga que trabaja cerca para que acudiera a ayudarla. “Yo solo quería ir a su casa a ducharme, no podía ir a la mía porque estaba mi madre y no quería que me viera así”. Pero, por suerte, su amiga, nada más verla le dijo que no, que tenían que avisar a la policía. Poco después, llegó un coche de la Guardia Civil que la llevó al Hospital de Poniente, donde fue atendida y, después, al cuartel a declarar y presentar la denuncia.




Ahora, Elena trata de recuperarse, “soy una mujer normal y corriente, trabajadora, divorciada, con una niña pequeña. La vida sigue”. Eso sí, reconoce que tiene miedo, “ahora veo un encapuchado y me entra pánico”. Las heridas físicas curarán antes, pero las psíquicas y emocionales tardarán más. Además, no parece que la administración vaya a ser de gran ayuda, ya que, aunque ha pedido asistencia psicológica, “desde el centro de la mujer me han dado fecha para el 29 de enero”. Muchos días para que Elena tenga que superar sola el horror vivido.


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