Así cruza la Rambla la Hermandad de Pasión

El barrio hace posible una multitudinaria salida desde la parroquia

Cruzar la Rambla Federico García Lorca es, para cualquier hermandad, un trance que puede abordarse de mil y una formas y maneras distintas. Y, en la tarde de este lunes, Pasión ha enseñado la suya.


La Real Academia Española define “sobrio” como algo moderado, templado, sin adornos superfluos. Y si el diccionario de la RAE estuviera acompañado de documentos gráficos, esta definición podría estar descrita por la estación de penitencia del Lunes Santo de 2019 de la Hermandad de Pasión, empezando, efectivamente, por su forma de superar ese escollo que es la Rambla.


Con una puntualidad ejemplar, ni un minuto antes ni uno después, la cruz guía ha salido de Santa Teresa para arrancar su estación de penitencia. La cofradía se ha puesto en la calle a la velocidad justa y necesaria para no aburrir al espectador ni ir corriendo.


Esto, que parece obvio, es digno de alabar, ya que en Semanas Santas pretéritas la hermandad se caracterizaba por su pausado caminar por las calles de Almería (demasiado, en ocasiones).


Lo sobrio

Las ganas de ver la seriedad de Pasión en la calle se palpaban en el ambiente incluso en Rafael Alberti.


De hecho, en la salida de Pasión y durante los primeros metros, el propio público chistaba para pedir silencio a la salida de los penitentes, algo que parece estar convirtiéndose en una curiosa moda: ya pasó en la tarde del domingo en Los Ángeles, a la salida de los pasos.


No obstante, lo sobrio es simplemente eso, algo moderado. Por lo tanto, el silencio y la seriedad hicieron acto de presencia en su justa medida: solo fue necesario que Nuestro Padre Jesús de la Salud y Pasión en su tercera caída cruzara la puerta de la parroquia de Santa Teresa para que los mismos que pedían silencio protagonizaran el primer aplauso de la tarde.


Y lo sobrio volvió con el andar de un Cristo caído que parece no querer avanzar, yendo de lado a lado, y que, sin embargo, enfilaba Canónigo Molina Alonso para superar esa Rambla convertida en Vía Dolorosa cuando, como en este Lunes Santo, el viento decide animar una tarde cualquiera.


Y también ha habido sobriedad en la salida del elegante palio de los Desamparados, que recorrió sus primeros metros de este 2019 con los sones de ‘Amarguras’, esa marcha que es ya un himno cofrade y que celebra este año cien años de vida. El que no haya podido escucharla en la calle aún que no sufra en exceso: habrá numerosas oportunidades de escucharla en los próximos días.


El barrio

Pasión no hace excesivo acto de presencia por su barrio en el día de su estación de penitencia, pero no es un problema: el bar Lubrín y la cuesta de la calle Canónigo Molina Alonso se convierten en una grada al más puro estilo 'tribuna de los pobres' de Málaga y el barrio se coloca allí a despedir a sus titulares por unas horas.


Y allá al frente, la Rambla, ese problema que Pasión volvió superó este año cruzando el puente y subiendo por donde habitualmente baja el tráfico, evitando así la parte baja del Paseo de Almería, al que la hermandad accedió por General Tamayo, para entrar a Carrera Oficial.


Campanilleros

Por ahí subió el palio de los Desamparados con ‘Pasan los campanilleros’ sonando tras de sí, con la Banda de Santa Cecilia de Sorbas tras la titular mariana de Santa Teresa.


Y con la misma puntualidad que salió de Santa Teresa, la misma con la que Pasión pidió la venia, Desamparados dejaba la Carrera Oficial libre a las 20.35 horas. Una pena que aún quedara una hora para que la siguiente hermandad hiciera acto de presencia.


Y al salir, Ricardos se convertía en una joya. Todo, gracias a Raquel Criado, pregonera de la hermandad en este 2019: ha tocado el martillo del palio, no sin antes recitar unos versos de su pregón: “Estamos en la calle Ricardos y el asfalto se hace arena, el incienso es romero y el costal se hace sombrero, que el que te lleva debajo es cofrade y rociero”


Cirios

Algo llamativo de Pasión es el modo en que sus nazarenos portan el cirio: al no ser llevados al cuadril (apoyados en la cintura y en ángulo), los nazarenos los usan a modo de báculo, en lugar de elevarlos. Curioso.


 

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