Qué guarda Juan de la Cruz en la nevera

El delegado territorial de Salud abre su frigorífico

Juan de la Cruz mostrando su frigorífico.
Juan de la Cruz mostrando su frigorífico.

Juan de la Cruz Belmonte, sobrino de la farmacéutica doña Isabel Belmonte y cuñado del alcalde de Vera, el canario José Carmelo Jorge Blanco, ha sido un veratense pegado siempre a una farmacia. Ahí se ha ido cociendo a fuego lento como persona, como ciudadano, como profesional del medicamento, antes de que ingresase en las procelosas aguas de la política local. El mostrador ha sido su vida, despachando analgésicos o ansiolíticos, pañales o crema solar con protección. Juan de la Cruz, que suena a santo y poeta místico -aunque no parezca ni una cosa ni otra- sin embargo sí que vive sin vivir en él, no tanto desde que fue nombrado jefe de Salud en la provincia de Almería, sino desde que lo que ocurría en Wuham empezó a ocurrir aquí. 


Desde entonces, este Fernando Simón a la almeriense, con aspecto de buen alumno de Los Escolapios, ha tenido que templar gaitas para que la pandemia no se fuera de las manos, para que Torrecárdenas o La Inmaculada no se saturara más de lo que estaba, para recordar a todos los almerienses una de esas gracias capitales llamada prudencia. Ha sido como un santo en los tiempos duros de la pandemia, cuando todos nos mirábamos con desconfianza por la calle como si estuviéramos apestados; le ha tocado dar los buenos y los malos datos y sobre todo poner algo de cordura en un mar de nervios.


Tiene Juan de la Cruz en la nevera unos pocos cogollos de lechuga para quedar bien con la salud que representa. Vemos también en la imagen que le gustan los yogures de coco (hay media docena), el queso de burgos y el manchego, que copan el tercer estante de lácteos. Encima se intuyen unos muslos de pollo y hamburguesas. Y debajo, señalando con el índice de su mano, un recipiente que parece de ensaladilla rusa como diciendo el delegado de Salud “Este es mi plato favorito”. A lado hay cajitas como de beicon para hacer espaguetis a la carbonara quizá, tomates de muy buen aspecto, tarros de ali-oli y un pedacito de limón. Al lado subyace, como una nota a pie de página, parte de un melón amarillo.



Hay también en la nevera de este veratense campechano más limones, algún kiwi y debajo jamón en lonchas del Mercadona de Juan Roig. En la zona de los huevos hay eso, huevos, media docena de huevos morenos y arriba más queso como del ‘Caserío me fío’. Mucho lácteo aparece en el horizonte de esta nevera veratense que quizá esté situada en un apartamento de Puerto Rey

Es un frigorífico medio lleno, medio vacío, sin grandes alardes, pero decente, para salir de un apuro, aunque no para dar de comer a cuatro hijos, cinco sobrinos y dos cuñados, por ejemplo.



Y sin embargo, la cara de Juan de la Cruz al mostrarlo es de orgullo contenido como diciendo: “Estos son mis poderes”. Alguien podría sugerirle que falta algo de pescado.  



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