Unicaja: de Monte de Piedad para empeños a banco cotizado en Bolsa

La entidad debuta hoy en el parqué madrileño tras 117 años de historia ligada a la provincia

Sede  central de Unicaja en el Paseo de Almería.
Sede central de Unicaja en el Paseo de Almería.
Manuel León
17:50 • 30 jun. 2017

Unicaja Banco, que recogió el legado de la antigua Cajalmería y antes aún del Monte de Piedad de Almería, debuta hoy en Bolsa tras 117 años de historia ininterrumpida. Las acciones de la octava entidad financiera española y primera andaluza, las podrán adquirir en exclusiva inversores institucionales a un precio de 1,10 euros por título lo que supone una capitalización bursátil de salida de 1.703 millones de euros.




Unicaja, con sede en Málaga pero siempre con un pie en Almería, saca al parqué 625 millones de acciones que suponen más del 40% del capital social. La mayoría se queda en manos de la Fundación Unicaja que también gestional la obra social.




Los fondos obtenidos con esta Oferta Pública de Suscripción mediante ampliación de capital -entre 680 y 750 millones de euros- permitirán  devolver las ayudas públicas de 604 millones de euros que recibió su filial Ceiss (antigua Caja España-Duero) que le suponen un coste anual de 60 millones de euros de intereses.




Unicaja tiene 1.259 sucursales y más de 3 millones de clientes. Posee una cuota de mercado del 13% en Andalucía y de 22% en Castilla y León, sus dos feudos principales. Almería es una de sus principales plazas andaluzas con 108 sucursales, solo superada por Cajamar (190).
 
Historia de la entidad
A partir de los años 60, muchos almerienses venían al mundo con un pan bajo el brazo: sus padres o sus abuelos le abrían cartilla, aunque fuese sólo con veinte duros, en la Caja de Ahorros y Monte de Piedad de Almería.




La vieja Cajalmería, antes aún el pretérito montepío almeriense -tronco del que nació- ha pasado a la historia para convertirse en una entidad cotizada, como los viejos  bancos decimonónicos controlados por ricas familias vizcaínas de Neguri o de la Cantabria  a la que volvieron muchos indianos cargos de plata.




En este nuevo banco cotizado en el Mercado continuo -aún no en el Ibex 35- tiene también Almería enjugada parte de su historia: una crónica de empeños de oro, de alhajas, de benditas ilusiones domésticas, de sueños de riqueza a la sombra de los tinglados de uva y también de bancarrotas colosales; una historia que nació del alma caritativa de una almeriense de la Plaza Marín que tenía fincas y reales de vellón para armar un ejército de mamelucos. Con el Monte de Piedad nació en la provincia una institución que prestaba dinero a cambio de empeños sin cobrar apenas intereses a los pobres labradores. Cientos de almerienses se arremolinaban en los soportales a por una papela de empeño o desempeño con la que poder hacer frente a las necesidades más perentorias, ante una temporada de sequías o para emprender la emigración con algo de dinero en el bolsillo.




Eran épocas de carestía en las que la vejez no estaba aún avalada por la seguridad de recibir una pensión. Por eso, la caja en Almería permitió fomentar la cultura del ahorro en la provincia: el cuento de la cigarra y de la hormiga.




El obispo y el  botones 
La caja de ahorros abrió sus puertas en una mañana luminosa de marzo de 1.900. El primer Consejo de Administración estuvo presidido por el Obispo, Santos Zárate y formaban parte Antonio Iribarne Scheidnagel (alcalde), José Quesada Gómez (albacea), Francisco Ruiz de Velasco (gerente) y como vocales Miguel Barbarín, José María Navarro Darax, Antonio Nieto, Guillermo Cassinello, José López Guillén, Antonio Fernández Palacio y Luis Gay, entre otros.


Al día siguiente, el primer botones, José Almansa, abrió sus puertas a las ocho de la mañana y cerró a las seis de la tarde, tras almacenar las primeras cajas con alianzas, anillos y abrigos dados en prenda. Y así, hasta hoy, en la Plaza bursátil de La Lealtad, 117 años después de esa mañana primaveral en la Plaza Marín.


La benefactora que acabó con la usura
Doña Francisca Giménez Delgado era una oriunda almeriense sin descendencia, nacida en 1809 y fallecida en 1879, que donó su inconmensurable fortuna -heredada de sus dos maridos Salido y García Acilú- al Obispo valenciano José María Orberá y a su albacea, el farmacéutico José Quesada Gómez,  para constituir el Monte de Piedad de Almería. Con esos 13.000 duros iniciales nació en 1900 el Montepío almeriense para ayudar a menesterosos. Hasta entonces, para conseguir un préstamo había que recurrir a las casas de usura que operaban en la ciudad a unos intereses inalcanzables para los menesterosos.



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