Flores de las Puras para la Virgen de la Esperanza

Magistrales las cinco horas de procesión de la Cofradía en noche primaveral

José Luis Laynez
00:24 • 29 mar. 2018

Si hay un momento de la Semana Santa almeriense en que el Cielo y la Tierra se unen, en que el misticismo en el más puro estilo de San Juan de la Cruz desciende a las calles de Almería, éste se produce cada Miércoles Santo un poquito más tarde de las 20.30 horas.



Es el instante en que el paso de Nuestra Señora del Amor y la Esperanza llega a la puerta de la iglesia del monasterio de las Puras. Las monjitas, de avanzada edad pero con espíritu, mirada e ingenuidad de niño, la están esperando en el dintel, con ese gesto de ilusión que expresan los pequeños cuando van a recibir un regalo. 



Y el regalo es la visita de la Virgen de la Esperanza. Los sones de la Banda ‘Los Iris’ de Instinción le anuncian que ya se acerca la Madre. Hasta nervios les entran a las monjitas. Y cuando aparece el paso tras la revirá hacia la puerta del templo, muchas no pueden contener las lágrimas y lloran como niños de la alegría de recibir un regalo por el que llevan suspirando un año; desde la visita del año pasado, para ser exactos. La música de guitarra, de Guillermo Fernández, pone el fondo incomparable.



Cada año son más los almerienses que se dan cita ante la iglesia de las Puras para contemplar este momento cargado de misticismo. Hasta vallas tienen que poner los últimos años para evitar que el gentío corte la visión de las monjitas.






Misticismo



Recordando el título de aquella película, podríamos decir que ‘el cielo puede esperar’... porque aquí en Almería hemos degustado una Semana Santa más un cachico de él. Con los ángeles con hábito de monjas de clausura y la Virgen del Amor y la Esperanza que siempre nos parece que vuelve su rostro para mirarlas cuando se despide de ellas y les dedica una maternal sonrisa.



Sin duda, es el momento culmen de la procesión de Nuestro Padre Jesús de la Oración en el Huerto y Nuestra Señora del Amor y la Esperanza; pero hay más cosas que narrar de ella. Desde su salida de la Catedral a las 20 horas de la primaveral tarde de Miércoles Santo hasta que se encierra cerca de las dos de la madrugada, ya Jueves Santo.


La procesión
Componían el cortejo procesional unos 180 nazarenos con túnica blanca con botones verdes, capirote y capa también verdes con el escudo bordado y cíngulo de esparto. Cuarenta mantillas acompañaban a la Esperanza como camareras. Tampoco faltaban representantes de los hermanos honoríficos: la Universidad, UNED, Asociación contra el Cáncer y Graduados Sociales.


La salida de los pasos resultó, como siempre, espectacular. En cuclillas, los costaleros de la Oración en el Huerto, a las órdenes de Miguel Ángel Plaza, y de la Esperanza, comandada por Benjamín González, hacen el milagro de que los pasos salgan por la puerta catedralicia. Miles de almerienses fueron testigos en una Plaza de la Catederal abarrotada. 


De allí, a las Puras, como ya he narrado. Luego el paso por el casco histórico de la ciudad, de increíble belleza plástica, que sólo es vistado por muchos almerienses siguiendo esta procesión. Pidieron la venia para entrar en Carrera Oficial sobre las once y diez de una noche ya fresquita y procesionaron por ella hora y media entre los aplausos y la devoción de los almerienses. La recogida fue ya de madrugada.


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