“Los almerienses nos hemos cargado con el peso de muchos clichés”

Este sacerdote de Cantoria y con parroquia en Vera es conocido como impulsor de Artcupa

El sacerdote Carlos Fortes, durante un momento de la entrevista con La Voz de Almería.
El sacerdote Carlos Fortes, durante un momento de la entrevista con La Voz de Almería. Manu Manzano

Con solo un año de vida, Artcupa ha logrado ya varios hitos ligados a su actividad en favor de los valores patrimoniales y sociales. El más llamativo, haber logrado que el Papa Francisco se interesara por su trabajo. 


- La Fundación Artcupa nace en Vera con ámbito nacional, ¿cuál es su cometido? 

Hace un año un grupo de cristianos comprometidos y personas que quieren comprometerse con la sociedad la pusimos en marcha. La idea es que una sociedad estructurada tiene que apostar por el arte y la cultura y que eso no se reduzca al interés de una élite o algo estático en un museo. Entendemos que lo que nos dejaron los nuestros, nuestro patrimonio, hay que conservarlo y darle un nuevo rumbo. Hay otro patrimonio que no tiene precio, que son los nuestros. Lo nuestro y los nuestros. Nosotros estamos obligados a cuidarlo.


- ¿A qué se refiere con los nuestros?

A la sociedad civil, a personas que tienen potencial que no han podido desarrollar porque no tienen quien apueste por ellos. Esos son los nuestros. Y no mirando ideas, clases o creencias, hacer lo que tenemos que hacer con cada uno. 


- ¿Por qué era necesaria la fundación? Esos objetivos se podrían cumplir dentro del propio seno de la Iglesia. 

Claro, es que, de hecho, se cumplen. Ahora bien, estábamos trabajando cada uno por su sitio. Lo que se veía necesario era crear un equipo donde confluyeran los esfuerzos, que tuviese una visión más o menos común, porque eso suma. Nosotros no estamos aquí para ser redentores de nada ni inventamos nada nuevo. Efectivamente, llevamos 2.000 años haciéndolo los cristianos. Pero sí queremos ser un equipo que sume a esa labor social, asistencial y de mantenimiento de lo nuestro. 


- En el caso de la provincia de Almería, ¿cuáles son los objetivos prioritarios? 

En el ámbito provincial ya son muchos. Pero algo muy importante es el proyecto de la restauración del cerro de San Cristóbal, que siendo monumento emblemático, está un poco marginado. El Ayuntamiento de Almería ha apostado por dignificar el entorno, y la fundación va a llevar adelante la restauración de la parte religiosa. Teniendo en cuenta que estamos en el centenario de la consagración del Corazón de Jesús, pensamos que, siendo el primer aniversario de esta fundación, era un proyecto por el cual apostar. 


- ¿En qué consiste exactamente el proyecto?

Nosotros colaboramos en la parte que le corresponde al Obispado, la parte civil corresponde al Ayuntamiento y ambas instituciones ponen el 50 por ciento. Lo propio que hace la Fundación es recuperar el Via Crucis que había en el entorno, limpiar la imagen y el baldaquino que la sustenta. Y una vez que todo eso esté arreglado, que no solamente se dedique al culto, que también tengamos actividad cultural. Allí se pueden ofrecer conciertos, con toda la ciudad detrás. 


- ¿Cómo  está considerado ese entorno?

La gente le tiene cariño, pero no se sube muchas veces por un miedo absurdo, porque no es una zona conflictiva. Pienso que a lo mejor las instituciones que tendrían que haberlo puesto en valor, no lo hemos hecho. Hay que tomar cartas en el asunto. 


- ¿Qué plazos se han mercado?

Mi interés sería que en el 2020 pudiese concluirse. 


- ¿Cómo se financia la fundación?

Hay un grupo de Patronos y un grupo importante de empresarios que colaboran. Con eso no solo se autofinancia, sino que genera recursos. 


- ¿Cuál es el secreto para que en tan poco tiempo por su actividad se haya interesado el propio Papa?

El Papa es así (risas).


- Aun así, hay muchas más fundaciones y colectivos, y se ha fijado en esta. 

Simplemente se escribió una carta presentando el proyecto al Santo Padre diciéndole que queríamos que rezase por ella y la sorpresa es cuando unos meses después nos llama por teléfono y nos pide que presentemos el proyecto personalmente. Para mí, en el ámbito más íntimo ha sido una suerte, no ya porque sea el Papa, sino por la calidad humana de la persona. Y para los que mantenemos la Fundación, el hecho de que el Papa se fije en nosotros es un poco decir no vamos mal del todo. 


- ¿La sociedad actual está perdiendo valores?

Yo pienso que es una sociedad distinta y no puede caber en nosotros una actitud pesimista, porque eso no hace crecer. Hoy nadie va a entrar en una iglesia por imperativo, va a entrar porque realmente está convencido en lo que cree. Yo siempre digo que la Iglesia puede aparentar a veces ser muy dura, hay quien la califica de dogmática e inmovilista. Pero a mí me gusta un pensamiento de San Agustín: Dios no quiere el pecado, pero ama al pecador. La posición es esa. 


- ¿Ha estado la Iglesia alejada de la base social?

Yo creo que eso nunca ha sido así. Una cosa es que yo como cura me quiera posicionar en un feudalismo absurdo, otra cosa es lo que realmente la Iglesia ha promovido, que es el acercamiento a lo social. Lógicamente la Iglesia tiene que reconocer sus pecados y sus miserias. Juan Pablo II pidió muchísimas veces perdón. Pero lo que también me duele es que cuando te ven de cura ya te juzgan. Soy un hombre, me puedo equivocar, pero represento una cosa que está por encima de mí. 


- ¿Hay pecados de la Iglesia que por lo que se ha pedido suficiente, perdón? Sin ir más lejos, la pederastia.

No solamente se tiene que pedir perdón, no se puede tolerar ni un solo caso de abuso. Lamentablemente, personas depravadas estamos en todas las instituciones. A veces pienso que se puede cargar excesivamente las tintas sobre algo concreto. Te pongo un ejemplo, voy por Almería y pasa un señor, se me queda mirando, le digo buenos días, me contesta adiós, pederasta. A veces, el pecado de unos pocos carga sobre muchos. Somos más de un millón de curas. 


- ¿Quiere decir que se han creado un prejuicios?

Claro, muchas veces ya no te miran por lo que puedes hacer sino por que eres cura. Da igual, no vivo de cara a los medios, sino a mi propia conciencia delante de Dios. 


- ¿Está la sociedad demasiado laicizada?

La sociedad está como tiene que estar. Yo no puedo promover una iglesia de masas, no me interesa. Yo quiero que el que entre a la Iglesia, entre con libertad. La Iglesia empezó con un grupo de 12 personas, un grupo de apóstoles y discípulos y discípulas que acompañaban a Jesús. No tenemos que pensar en más. 


- ¿Es difícil atraer a los jóvenes?

Es complejo que haya personas que se involucren. Tenemos una sociedad muy individualista. Estamos en un momento de crisis en todas las instituciones y lógicamente también se da a la Iglesia, pero lamentablemente no pienso que sea un momento pesimista, sino al contrario, optimista. 


- Colectivos como las cofradías están llenos de gente joven. 

Las hermandades y cofradías son parte de la vida de la Iglesia, tenemos que darnos cuenta de que trabajamos juntos, de que esa devoción que se da en la calle también tiene que hacer elevar a la persona a valores más profundos, que no se queden solamente en lo atractivo de lo externo. 


- ¿En las cofradías hay una profundidad religiosa o es más un club de amigos? 

Se puede dar todo. A lo mejor hemos promovido un cristianismo muy racionalista, y a veces la fe también entra por los sensitivo. No podemos hacer una contraposición entre la fe popular y la razón. Al contrario, la fe popular lleva a la racionalización de la fe. 


- ¿Es la Iglesia rica en cuanto a patrimonio?

Con eso hay una leyenda negra. El patrimonio lo que cuesta es mantenerlo. Y el patrimonio que la Iglesia tiene no es para beneficio o lucro del párroco, del obispo o del Papa, sino que se ha generado con la apuesta de los cristianos por su propia comunidad parroquial y ni siquiera estamos autorizados moralmente a venderlo. Al final el patrimonio de la Iglesia es patrimonio de la humanidad. Y nosotros tenemos obligación de mantenerlo, pero eso cuesta dinero. Lógicamente, tenemos que sacarle rendimiento para apostar socialmente, y para mantener aquello que hemos recibido. 


- ¿Cómo se le saca rendimiento? 

Imaginemos que hay un edificio eclesiástico en Almería sin uso y se puede dividir de forma que tengamos actividades sociales en una planta y cualquier negocio más o menos bueno en otra. Eso produce unos beneficios que te sirven para mantener esa actividad social. Y, sin tapujos, nosotros podemos generar recursos, es lícito. La suerte de un cura es que al no tener una familia se entiende que no busca hacer un patrimonio propio. ¿Por qué la Iglesia hoy tiene muchísimos bienes inmuebles? Porque los clérigos somos solteros. 


- ¿En Almería de cuántas necesidades de intervención podemos hablar? 

En estos últimos 17 años todos los obispos han ido sumando. Con nuestro obispo actual se ha reformado una gran parte del patrimonio de la diócesis. Pero siguen quedando muchísimas iglesias que necesitan la ayuda. No podría calcularlo. Me conformo con crecer poquito a poco. 


- ¿La sociedad almeriense aprecia su patrimonio? 

La de Almería es una sociedad muy proactiva. Ahora bien, tenemos que romper de una vez por todas esa vision negativa de nosotros mismos, de que somos provincianos, de que estamos en una esquina, de que no tenemos la cultura de otras provincias. No solamente no es cierto, sino que tenemos que creérnoslo. Nos hemos cargado históricamente con el peso de muchos clichés sobre nuestra provincia. 


- ¿Cuál es el proyecto que le gustaría ver cumplido?

Es un proyecto personal y  puede parecer que quiero hacer lo mío. Pero llevo años queriendo hacer una iglesia en la playa de Vera. Hay tres mil y pico residentes, y la iglesia no es solamente lugar de culto, sino que crea relaciones sociales. A Vera Playa le falta ese lugar común. Pero es un capricho mío. 


 

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