Heladería Romana: 40 años vendiendo helado artesanal en Roquetas
Araceli y Alessandra, madre e hija dan la bienvenida al verano con nuevos sabores cada año

Araceli y Alessandra, madre e hija, responsables de heladería Romana.
¿Quién no se ha churreteado hasta la barbilla con sus cremosos helados? Más de cuarenta sabores diferentes y casi cuarenta años de experiencia. Araceli Artacho García es quien mezcla cada día la leche de la Goleta con las materias primas necesarias para obtener las delicias que dispensa. Es la única heladería de todo el paseo marítimo de Roquetas, de los primeros locales en abrir a finales de los ochenta. La heladería Romana ha visto constituirse toda la hostería de la zona.
“Había veranos en que estos locales comerciales no eran nada, estaba yo sola”, dice Araceli. Cuando la heladera abrió sus puertas la zona era el Club Náutico y un pequeño paseo marítimo donde hoy se agolpan bares y restaurantes, siempre copados de comensales, foráneos y locales que veranean en el municipio almeriense.
Desde 1986
A los 17 años, antes de abrir su propio negocio, Araceli trabajaba en la única heladería que había en la Urbanización. Ella es roquetera de toda la vida, del barrio de Las Marinas, pero ha viajado mucho. “En aquellos años la urba era muy chula, tenía un ambientazo, era donde estaba las discotecas. Todo estaba lleno de turismo extranjero”, dice ella recordando sus años de juventud en la discoteca Crisis y lon sintetizadores en la música.
La heladera todavía no piensa en jubilarse aunque regente su negocio desde 1986. Pero si se plantea cómo llegará física y mentalmente a esos 67 años que marca la ley, se pregunta si llegará a las exigencias que requiere su trabajo. Le gustaría dejar su legado a alguien que disfrute del trabajo. “Me gustaría enseñar el negocio a alguien que disfrute de hacer un helado rico, que piense en el cliente. Por ejemplo cuando hago un helado feo, lo tiro porque pienso en que el cliente vuelva”, dice Araceli.
Negocio familiar
Su hija Alessandra se incorporó hace unos años a la aventura del helado artesanal y es la responsable de las redes sociales (@heladeriaromanaartesana). También salen de sus manos helados que este verano llenan las papilas gustativas de tantos, como el chocolate Dubai. La chica dice que el éxito es hacer el helado con mucho amor y una crema de pistacho que combina de mil amores con el cremoso chocolate. Las artesanas siempre están al día de la innovación en cuanto a sabores. Y siguen la corriente de los cambios que exige la vida, después del COVID tocó renovar el negocio.
“El negocio ha cambiado desde el COVID. Antes éramos heladería-cafetería pero como la gente tenía tanto miedo dejamos de hacer el servicio en mesa y el cliente se acerca a la vitrina. De esta manera ve el producto y la heladería es más como un kiosco donde vienes compras el helado y sigues con el paseo o te das un baño”, dice Araceli. Ella lo tiene claro la mejor publicidad es ver a la gente por el paseo marítimo caminado con los helados de Romana en la mano.
Redes sociales
Pero también hay que innovar y digitalizarse. “Las Redes sociales claro que ayudan, mi hija anuncia los helados y la gente viene a buscarlos. También nos ha ayudado la web de la Diputación de Almería que reconoce los heladeros artesanales de la provincia”, dice Araceli. A principios de verano 22 heladerías de toda la provincia pasaron a formar parte de la web https://heladeroartesanal.es/. Esta guía pone en valor el helado artesanal de Almería.
Araceli no habla de conciliación familiar, ni de horas extras, y puede que tampoco sepa que es la responsable oficial de dar la bienvenida al verano para muchos en Roquetas. Ella se centra en su trabajo desde marzo hasta septiembre. Y después…
La heladera no se toma vacaciones o al menos no como las imagino. En enero, mientras medio mundo descansa del calendario laboral, ella se sube a un avión rumbo a Italia para recorrer pasillos de ferias internacionales del helado en Rímini, para luego pasar por Málaga y seguir empapándose de demostraciones, tendencias y materias primas. No viaja por ocio; viaja por el sabor. Porque en su pequeño templo heladero, no se sirve cualquier cosa: se sirve pasión hecha crema.
Sabores
Puede que a Araceli se le caigan los sudores de toda la faena que lleva, pero ningún día renuncia a su baño antes de empezar a trabajar, su siesta y un helado por la tarde. Es una de esas patronas a quien nunca le han regalado nada, al punto de que pregunta qué tiene que pagar por salir en el periódico. Sus palabras me hicieron agachar la cabeza porque pensaba que a personas como ella habría que ponerlas en el paseo marítimo con placa de bronce.
“Lo más satisfactorio es cuando hago una bandeja de un sabor nuevo, la pongo y al día siguiente viene alguien y lo vuelve a pedir. Eso significa que les gustó. Que me están esperando”, concluye sonriente. Sentada en una silla desde donde puede ver todas las mesas llenas. Un lugar privilegiado que le permite estar pendiente del negocio y con la vista en el mar.