Abomin y Bactiva, dos soluciones que empiezan a cambiar el campo almeriense
El sector agrícola busca nuevas maneras para mejorar la calidad y sostenibilidad de los cultivos

Dron preparado para realización de tratamiento con protocolo ABOMIN + BACTIVA.
La agricultura actual avanza hacia un modelo donde la producción ya no es el único objetivo. Con los rendimientos cada vez más ajustados por los métodos convencionales, el foco empieza a desplazarse hacia otros factores como la calidad, la sanidad vegetal y la sostenibilidad del cultivo. En ese escenario, nuevas soluciones están ganando terreno en las fincas almerienses.
Entre ellas, productos como Abomin comienzan a posicionarse como una herramienta para corregir uno de los problemas más habituales en campo: las carencias nutricionales.
Su formulación, con un alto número de elementos nutricionales, permite actuar sobre múltiples desequilibrios de la planta de forma simultánea, algo que no es habitual en los fertilizantes tradicionales.
Uno de los efectos más visibles tras su aplicación es el cambio en el aspecto del cultivo. La planta adquiere un color más intenso y uniforme, señal de una mejora en su estado general.
A partir de ahí, las carencias tienden a corregirse y la planta muestra una menor susceptibilidad frente a plagas y enfermedades, reforzando su comportamiento en condiciones exigentes.
Este tipo de soluciones está especialmente orientado a agricultores que buscan dar un paso más allá en la calidad del producto final. Si bien la producción se mantiene en niveles altos con la fertilización convencional, alcanzar determinados estándares de calidad sigue siendo uno de los principales retos del sector.
Las soluciones de Bactiva
En paralelo, el uso de microorganismos empieza también a consolidarse como otra de las líneas de trabajo con mayor proyección para evitar el problema que generan los residuos. Empresas como Bactiva centran su desarrollo en este ámbito, apostando por soluciones biotecnológicas que actúan directamente sobre el sistema radicular del cultivo.
El efecto de estos microorganismos no es inmediato, pero sí progresivo. A medida que se desarrollan en el suelo, favorecen un sistema radicular más sano y equilibrado, lo que se traduce en plantas más homogéneas, compactas y con un crecimiento más ordenado. Este equilibrio permite reducir desequilibrios y mejorar la estructura general del cultivo.
A largo plazo, este enfoque no solo mejora la sanidad y calidad de la planta, sino que también permite reducir el uso de fertilizantes químicos y pesticidas, avanzando hacia un modelo con menos residuos.
Una tendencia que, lejos de ser puntual, empieza a consolidarse como una de las claves del futuro agrícola, donde producir bien ya no es suficiente si no se hace también de forma más eficiente y sostenible.