El campo teme no disponer de agua para el inicio de la nueva campaña
Feral pide el arreglo por vía de urgencia de depuradoras y vertidos para reutilizar esas aguas

Representantes de Feral en la planta de depuración de El Viso
Cuando los preparativos de la nueva campaña agrícola están ya en marcha, y a poco más de un mes de cierre del año hidrológico, los regantes almerienses se enfrentan a una situación muy preocupante: no hay garantías de que haya agua suficiente para atender las necesidades de riego de la provincia.
Varias curcunstancias contribuyen a generar esa sensación de emergencia: la escasez de lluvias de los últimos años, que han provocado un descenso en el nivel de los acuíferos; el incremento de la extensión de las superficies de cultivo, con especial incidencia en los nuevos invernaderos; el descenso de los caudales llegados desde otras cuencas a través de los trasvases; la ausencia de depuración para la reutilización de las aguas residuales y, finalmente, la carestía del agua desalada, inasumible dado el incremento de costes del agricultor, que no se está compensando con aumento de los ingresos.
El déficit
La Federación de Regantes de Almería (Feral) afirma que la provincia “sigue arrastrando un importante déficit hídrico, a pesar de los intentos de los políticos por dar carpetazo al problema”. Califica además de “incoherentes” muchas de las actuaciones desarrolladas por las administraciones, “como la de construir una desaladora en una zona inundable o permitir la construcción de otras que no se han llegado jamás a utilizar por su alto coste”.
Aunque de difícil cuantificación, los regantes creen que en Almería se tendrían que conseguir alrededor de 60 hectómetros cúbicos más de agua para poder garantizar los riegos de la campaña.
Por comarcas
José Antonio Fernández señala el riesgo en el Poniente, que va desde el desvío de aguas en Adra, la extrema salinidad del agua en esa y en el resto de los acuíferos costeros, los retrasos en la desaladora, la extracción de pozos como los de Bernal para abastecer a otras zonas, entre ella la capital, o el no aprovechamiento de recursos como el agua de la Balsa del Sapo o aguas residuales de numerosos municipios.
En el área del Andarax la guerra está abierta por la reutilización de las aguas residuales que los muncipios de toda el área tiran al río y finalmente al mar. De aprovecharse se conseguirían 1,5 hectómetros cúbicos más para regar los invernaderos y también los campos de cítricos.
Níjar plantea serios problemas por el agotamiento de los acuíferos subterráneos, la mayoría con agua fósil y por tanto con escasa recarga. Allí se ha extendido el uso del agua desalada pero su coste es prohibitivo para muchos de los productores.
Incertidumbre
En el caso del Almanzora el principal problema es la incertidumbre sobre los caudales con los que podrán contar. A un mes vista del nuevo año hidrológico “aún no sabemos de qué cantidad de agua podremos disponer, y por tanto no es posible hacer la planificación”, explica José Antonio Fernández, presidente de Feral.
La Federación ve difícil las soluciones, pero entiende que lo primero sería realizar un estudio sobre las existencias de agua y el déficit hídrico real de la provincia. Fernández ha propuesto que sean los propios regantes los que lo lleven a cabo, con la ayuda eso si de las administraciones.
Piden en cualquier caso un Pacto por el Agua, que excluya este asunto de las peleas cotidianas de los políticos y que establezca una precio único para el agua de riego, de forma similar a cómo se establecen los precios eléctricos, repercutiendo el coste en el conjunto de los usuarios para evitar que se produzcan agravios entre regantes de diferentes zonas en función de la disponibilidad, de los costes de desalación o de cualquier otro factor económico.