Cuando una deuda de 300 euros termina costando miles: el problema del que nadie habla con los microcréditos
Charlamos con Reclabank, despacho legal almeriense, para conocer los problemas derivados de los préstamos rápidos

Abel Barragán, abogado de Reclabank Almería.
La puerta del despacho de Abel Barragán Sorroche se abre con frecuencia para recibir a personas que llegan buscando una solución a un problema económico. Sin embargo, según explica el abogado de Reclabank Almería, las primeras palabras de quienes acuden a él rara vez tienen que ver con leyes, intereses o contratos.
“Muchos llegan agotados mentalmente. Y todos repiten frases muy parecidas”, relata el letrado. “Te dicen: ‘Solo necesitaba salir del paso’, ‘Pensé que lo devolvería rápido’, o ‘No sé en qué momento esto se me fue de las manos’".
Y lo que es peor, detrás de esas historias no suelen encontrarse grandes préstamos ni inversiones arriesgadas. En la mayoría de los casos, todo comienza con cantidades relativamente pequeñas, de apenas 200 o 300 euros, solicitadas para afrontar una avería doméstica, una factura inesperada o cualquier urgencia cotidiana.
La rapidez con la que se conceden estos productos financieros, anunciados como una solución inmediata y sin apenas trámites, resulta especialmente atractiva para quienes atraviesan un momento complicado.
Sin embargo, el problema aparece cuando llega el momento de devolver el dinero. “Muchas personas no son realmente conscientes de cómo crece la deuda cuando no pueden devolver el préstamo en plazo”, advierte Barragán. Además, señala que “muchas personas llegan pensando que no tienen alternativa, sin saber que algunos de estos contratos están siendo cuestionados judicialmente por sus intereses y condiciones”.
Más allá de los números, el abogado asegura que existe un patrón emocional que se repite constantemente entre quienes recurren a este tipo de microcréditos. La deuda acaba instalándose en su rutina diaria y transformándose en una fuente permanente de preocupación.
“Muchos clientes te cuentan que el teléfono se convierte en una fuente constante de ansiedad”, explica. Las llamadas reiteradas, los mensajes automáticos, los correos electrónicos urgentes y los avisos continuos generan una presión que termina afectando a todos los ámbitos de la vida. “Uno de ellos me dijo algo que se me quedó grabado: ‘Lo peor no era lo que debía… era sentir que nunca podía desconectar’".
Según relata, esa sensación de vigilancia constante provoca que algunas personas desarrollen auténticos mecanismos de evitación. “Hay personas que empiezan a revisar el móvil con miedo. O que evitan números desconocidos porque piensan que vuelven a llamarles para reclamar".
En ese contexto surge una de las dinámicas más peligrosas: utilizar un nuevo préstamo para pagar el anterior. “Muchos clientes reconocen que pidieron un segundo microcrédito para pagar el primero. Luego un tercero. Y cuando quieren darse cuenta, ya no saben cuánto han pagado realmente".
Desde Reclabank Almería explican que una de las situaciones más habituales es la de consumidores que han terminado devolviendo cantidades muy superiores a las que recibieron inicialmente. “Hay clientes que han pedido 300 euros y, entre prórrogas, intereses y comisiones, terminan pagando miles".
Pero el impacto, insiste Barragán, va mucho más allá del aspecto económico. “La sensación que describen es la de vivir permanentemente apagando incendios. Llegan completamente desgastados".
Por ello, el abogado considera importante identificar determinadas señales de alerta. “Cuando alguien siente que lleva meses pagando y la deuda nunca baja, cuando necesita pedir nuevos préstamos para cubrir anteriores o cuando lo abonado ya multiplica claramente el dinero recibido, es importante analizar el caso".
A su juicio, muchas personas terminan normalizando durante demasiado tiempo situaciones que podrían esconder intereses abusivos, sin plantearse que existen mecanismos legales para revisarlas.
En los últimos años, además, los tribunales han comenzado a pronunciarse sobre algunos de estos contratos. Diversos juzgados están declarando la nulidad de determinados microcréditos al considerar que incorporan intereses usurarios.
Uno de los casos más recientes fue la Sentencia nº 208/2026, dictada el 21 de abril de 2026 por la Sección Civil del Tribunal de Instancia nº 8 de Almería. En ese procedimiento, dirigido por Abel Barragán Sorroche frente a IDFINANCE SPAIN S.A.U., el juzgado declaró la nulidad del contrato.
“La resolución establece algo muy importante”, explica el abogado. “El cliente solo tiene obligación de devolver el capital que realmente recibió. Todo lo pagado de más debe ser reintegrado". Además, la entidad fue condenada al pago de las costas procesales tras no atender la reclamación extrajudicial previa.
A pesar de estos pronunciamientos judiciales, Barragán asegura que muchas personas siguen tardando en pedir ayuda porque creen que ya no tienen margen de actuación. “Llegan resignadas. Piensan que la culpa es suya o que ya es tarde para reclamar".
Sin embargo, insiste en que cada situación debe analizarse de forma individual. “Muchas veces descubren que han pagado cantidades completamente desproporcionadas respecto al dinero que recibieron".
Y es precisamente en ese momento cuando cambia la perspectiva de muchos afectados. “No es solo una reclamación económica. Para muchos clientes es volver a recuperar tranquilidad".
Porque, como concluye el abogado, el verdadero problema de estos microcréditos no siempre reside en la facilidad con la que se contratan, sino en la forma en la que terminan condicionando la vida de quienes recurren a ellos. “Sino cómo consiguen instalarse en la vida de una persona hasta hacerle sentir que nunca termina de salir".